Así es como la nutrición podría reducir el riesgo de metástasis en el cáncer de mama

Una investigadora española estudia la relación entre el metabolismo celular y la capacidad de las células tumorales para colonizar nuevos órganos, abriendo la puerta a futuras terapias personalizadas.

Por: Laura Guio


La metástasis sigue siendo el principal desafío en la lucha contra el cáncer de mama, responsable de la mayoría de los cerca de 700.000 fallecimientos anuales que provoca esta enfermedad en todo el mundo. Aunque solo un porcentaje mínimo de células cancerosas logra sobrevivir al proceso de diseminación, su impacto clínico es devastador.

Patricia Altea, directora del grupo de regulación metabólica y señalización en cáncer del CABIMER en Sevilla, está investigando un aspecto poco explorado de este fenómeno: cómo ciertos nutrientes pueden facilitar que las células tumorales se adapten y prosperen en nuevos órganos.

Un proceso altamente ineficiente pero letal

La metástasis es, paradójicamente, un proceso muy ineficiente. Según explica Altea, solo alrededor del 0,1% o menos de las células que abandonan el tumor primario consiguen sobrevivir. La mayoría muere por el camino, incapaz de adaptarse a entornos completamente distintos o de resistir las defensas del organismo.

"Las células tumorales están adaptadas a unos nutrientes concretos en el tejido de origen, pero cuando llegan a otro órgano, esos nutrientes pueden no estar disponibles", señala la investigadora, galardonada recientemente con el Premio Nacional Gabriella Morreale y el Premio Hipatia al talento joven.

El misterio de los órganos preferidos

En el cáncer de mama, las metástasis aparecen de forma recurrente en cerebro, hueso, pulmón e hígado. Curiosamente, estos tumores secundarios se comportan de manera diferente entre sí y también respecto al tumor original, lo que complica enormemente su tratamiento.

"En una misma paciente, una metástasis en hígado no se comporta igual que una en pulmón, pero todavía no tenemos herramientas para entender bien esas diferencias ni para tratarlas de forma específica", lamenta Altea. Los tratamientos actuales están diseñados fundamentalmente para el tumor primario y, en muchos casos, las metástasis no responden.

El papel del ácido graso palmitato

El trabajo de Altea se centra en cómo las células metastásicas aprovechan el entorno metabólico de los órganos que colonizan. Un nutriente clave en sus investigaciones es el palmitato, un ácido graso presente naturalmente en el organismo y esencial para el funcionamiento celular.

El equipo ha observado que órganos como el pulmón o el hígado presentan niveles más altos de palmitato. En el pulmón, por ejemplo, este compuesto es fundamental para el surfactante pulmonar que permite la respiración. Las células metastásicas pueden aprovechar este recurso tanto como fuente de energía como para activar programas genéticos que facilitan la colonización del órgano.

En el cerebro, donde los niveles de palmitato son más bajos, solo las células capaces de sintetizar este ácido graso por sí mismas logran formar metástasis. "Las más agresivas son las que tienen mayor plasticidad metabólica: las que pueden activar o desactivar programas genéticos y epigenéticos para adaptarse al entorno", explica la investigadora.

Dieta y metástasis: un campo todavía abierto

Aunque resulta tentador pensar que modificar la dieta podría influir en el riesgo de metástasis, Altea es muy clara al respecto: "No podemos decir que comer más palmitato vaya a producir más metástasis. No existe esa correlación".

Su laboratorio está estudiando en modelos preclínicos si determinados patrones dietéticos mantenidos en el tiempo pueden influir en cómo se desarrollan las metástasis o en cómo responde el sistema inmunitario, pero se trata de un trabajo preliminar. Por ahora, no hay suficiente evidencia para recomendar una dieta concreta en cáncer de mama metastásico.

Además, restringir nutrientes sin una base sólida puede debilitar a pacientes que ya reciben tratamientos muy intensos y empeorar su respuesta terapéutica. "Cada tumor y cada persona son distintos, y con la dieta ocurre lo mismo", advierte.

Hacia terapias personalizadas

El objetivo a largo plazo sería poder ajustar patrones dietéticos según el tipo de metástasis de cada paciente. Si en el futuro se demuestra que determinados contextos metabólicos favorecen ciertos tipos de metástasis, podría plantearse recomendar ajustes dietéticos como complemento a los tratamientos convencionales.

"Cambiar la dieta no va a curar una metástasis, pero podría reducir el riesgo de que aparezca o frenar su crecimiento", concluye Altea, quien también está investigando el posible impacto de dietas altas en proteínas, cada vez más populares, en el desarrollo de la metástasis.




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