Un estudio de Harvard con más de 131.000 participantes durante cuatro décadas concluye que el consumo moderado de estas bebidas reduce hasta un 18% el riesgo de demencia.
Por: Laura Guio
Tomar café o té de forma moderada no solo es un placer cotidiano, sino también un hábito que puede proteger el cerebro del paso del tiempo.
Así lo confirma una investigación publicada en The Journal of the American Medical Association y liderada por la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, que siguió durante 43 años a más de 131.800 personas para analizar cómo estas bebidas influyen en la salud cognitiva.
Los resultados son claros: quienes bebían entre dos y tres tazas de café o entre una y dos de té al día tenían menos probabilidades de desarrollar demencia y mostraban un deterioro cognitivo más lento que quienes apenas las consumían.
Cuatro décadas de datos, una conclusión sólida
El alcance de este estudio lo distingue de investigaciones anteriores, que ya insinuaban los beneficios del café y el té para la salud cerebral, pero cuyo seguimiento era demasiado breve y limitado para extraer conclusiones definitivas.
En esta ocasión, el equipo evaluó datos sobre dieta, grado de demencia, deterioro cognitivo subjetivo y función cerebral de los participantes a lo largo de cuatro décadas, lo que permitió observar tendencias que estudios de menor duración simplemente no podían capturar.
De los más de 131.000 participantes analizados, 11.033 desarrollaron demencia a lo largo del periodo de seguimiento. Entre quienes consumían café con cafeína de forma habitual, el riesgo de padecer esta enfermedad se redujo un 18%, y el deterioro cognitivo subjetivo disminuyó un 7,8% en comparación con aquellos con un consumo escaso o nulo.
La clave está en la cafeína, no en el caféUno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la comparación entre el café con cafeína, el té y el café descafeinado.
Los participantes que consumían té mostraron resultados similares a los de los bebedores de café, pero quienes optaban por el descafeinado no experimentaron los mismos beneficios protectores.
Esta diferencia señala directamente a la cafeína como el principal factor activo, aunque los investigadores reconocen que aún se necesitan más estudios para comprender con exactitud el mecanismo biológico responsable.
Tanto el café como el té contienen ingredientes bioactivos como polifenoles y cafeína con propiedades neuroprotectoras: son capaces de reducir la inflamación, limitar el daño celular y frenar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento.
Ni más ni menos: La dosis óptima importaLos beneficios fueron más pronunciados en quienes se mantuvieron en la franja de dos a tres tazas de café o una a dos de té al día. Sin embargo, los investigadores también encontraron que un mayor consumo no produjo efectos negativos, sino que mantuvo beneficios similares a los de la dosis considerada óptima. Es decir, pasarse no penaliza, aunque tampoco suma.
El líder del trabajo, Daniel Wang, señala que el consumo diario de estas bebidas podría convertirse en una intervención dietética prometedora para la prevención de la demencia. No obstante, añade una advertencia necesaria: "Cabe recordar que su efecto es reducido y que hay otras formas de proteger la función cerebral a medida que envejecemos".