El tiempo que pasamos durmiendo sin soñar tiene una función vital

Ahora, sin embargo, un nuevo estudio otorga a esa fase "aburrida" del sueño un papel más llamativo que el que parecía tener, y sugiere que recargamos nuestra capacidad

Por: Medicina y Salud Pública


Tradicionalmente, la fase del sueño que más ha atraído la atención de los científicos y fascinado a la gente en general es aquella en la que soñamos. La fase en la que dormimos pero no soñamos ha sido considerada a menudo como menos interesante, pese a que bastantes científicos se han sentido intrigados sobre el motivo de las muchas horas que pasamos durmiendo sin soñar.

Ahora, sin embargo, un nuevo estudio otorga a esa fase "aburrida" del sueño un papel más llamativo que el que parecía tener, y sugiere que recargamos nuestra capacidad de aprendizaje durante esta fase del sueño tradicionalmente menospreciada, que puede durar hasta la mitad del tiempo que pasamos durmiendo.

Dormir consta de dos etapas importantes: La de sueño de movimientos oculares rápidos (REM por sus siglas en inglés), que es cuando solemos soñar, y la de sueño sin movimientos oculares (NREM), que incluye lo que se conoce como Sueño de Ondas Lentas, llamado así por las oscilaciones sincrónicas lentas de las neuronas que se registran en el EEG (electroencefalograma), que adquieren la forma de grandes ondas con una frecuencia de menos de 4 hercios.

Unos investigadores, de la Universidad de California en Berkeley, han encontrado evidencias convincentes de que ciertas ráfagas de ondas cerebrales pueden ejercer de redes de conexión entre regiones clave del cerebro, a fin de realizar operaciones que sirven para despejar una vía de aprendizaje. Estos impulsos eléctricos ayudan a transferir los recuerdos basados en hechos, almacenados en el hipocampo cerebral (que tiene un limitado espacio de almacenamiento) al “disco duro” de la corteza prefrontal. De este modo, se libera espacio en el hipocampo para que éste pueda acoger nuevos datos. Las citadas ráfagas de ondas cerebrales son pulsos rápidos de electricidad generados durante la fase de sueño NREM, y pueden emitirse hasta un millar de veces por noche.

El equipo de Matthew Walker y Bryce Mander ha comprobado que esta red tiende a actuar mayormente durante la Etapa 2 del sueño NREM, que precede a la fase más profunda del sueño NREM y a la fase durante la cual experimentamos sueños o pesadillas, la de Movimientos Oculares Rápidos o REM. Esa fase del sueño no tan profundo puede abarcar la mitad de nuestras horas de sueño y se da con mayor frecuencia durante la segunda mitad del período en el que dormimos.

Debido a esto último, si usted duerme seis horas o menos, tendrá menos ráfagas de ondas cerebrales, y es posible que, entre otros efectos nocivos, tenga dificultades para aprender cosas nuevas.



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