Un estudio con casi 26.000 participantes identificó seis perfiles de distribución de grasa corporal y reveló que no es la cantidad de grasa lo que más importa para la salud cerebral, sino dónde se acumula.
Por: Laura Guio
Durante décadas, la obesidad se midió principalmente por el índice de masa corporal (IMC) y la acumulación de grasa visceral.
Pero una nueva investigación publicada en la revista Radiology sugiere que ese enfoque puede estar pasando por alto a pacientes en riesgo real.
El estudio, liderado por científicos del Hospital Afiliado de la Universidad de Medicina de Xuzhou en China, encontró que la ubicación específica de la grasa —más que su cantidad total— determina en gran medida el impacto sobre la salud cerebral.
Usando resonancia magnética e inteligencia estadística avanzada, los investigadores analizaron datos de 25.997 participantes del Biobanco del Reino Unido, con una edad media de 55 años. El resultado fue un sistema de clasificación objetivo, basado enteramente en datos, que identificó seis perfiles distintos de distribución de grasa corporal.
El páncreas: El órgano pequeño con un riesgo enorme
El hallazgo más sorprendente del estudio involucra a un órgano que raramente protagoniza los debates sobre obesidad: el páncreas.
Los participantes con un perfil de "grasa pancreática predominante" mostraron niveles de grasa en ese órgano entre dos y seis veces superiores a los de personas delgadas, mientras que su grasa hepática no era particularmente elevada.
Este detalle es clave. El hígado graso es un diagnóstico habitual en la práctica clínica, pero la grasa pancreática elevada ha sido sistemáticamente ignorada.
Según el coautor principal Kai Liu, ese olvido tiene consecuencias: este grupo presentó la mayor atrofia de materia gris, el envejecimiento cerebral más acelerado, el mayor deterioro cognitivo y el riesgo más alto de enfermedades neurológicas de todos los perfiles estudiados.
El perfil "gordo flaco": Delgado en apariencia, vulnerable en realidadEl segundo perfil de alto riesgo identificado por el estudio rompe con otra idea arraigada: la de que solo las personas con obesidad visible enfrentan riesgos metabólicos y cerebrales.
El denominado perfil "gordo flaco" corresponde a personas cuyo IMC ocupa apenas el cuarto lugar entre todas las categorías del estudio, pero cuya grasa tiende a concentrarse en el abdomen y, sobre todo, presentan una relación elevada entre grasa y músculo.
En términos simples: no son personas que luzcan obesas, pero su composición corporal las expone a consecuencias cerebrales adversas comparables a las de quienes sí presentan obesidad evidente. Este hallazgo tiene implicaciones directas para la medicina preventiva, ya que estos pacientes podrían pasar desapercibidos en una consulta rutinaria.
Un llamado a repensar cómo evaluamos el riesgo cerebralLos resultados fueron consistentes tanto en hombres como en mujeres, con solo pequeñas variaciones entre sexos, lo que refuerza la solidez de los hallazgos. Para los autores, el mensaje es claro: la evaluación del riesgo neurológico asociado a la grasa corporal necesita ir más allá del peso y el IMC.
La tecnología de resonancia magnética, combinada con modelos estadísticos como el análisis de perfil latente, abre la puerta a una medicina más precisa, capaz de identificar a quienes están en riesgo antes de que aparezcan los síntomas.