Especialistas advierten que la disfunción sexual asociada a la menopausia y a enfermedades crónicas rara vez se aborda en la clínica, y que la terapia hormonal con testosterona sigue prescribiéndose sin respaldo científico sólido.
Por: Laura Guio
Recibir un diagnóstico grave cambia la vida. Pero hay una pregunta que pocas veces sale de los consultorios y casi nunca entra en ellos: ¿qué pasa con mi sexualidad ahora? Esa omisión, advierten los especialistas, no es inocente.
Los asuntos relacionados con la sexualidad son admitidos cada vez más como un importante factor en la calidad de vida de los pacientes, lo que legítimamente concierne a la oncología y a los cuidados paliativos. Sin embargo, a pesar de la alta incidencia de disfuncionalidad y de la necesidad de hablar de ello, la vivencia sexual es una esfera que habitualmente escapa a los controles de síntomas y rara vez queda recogida en las historias clínicas.
En una reciente emisión del programa Telesalud: La clínica en casa, producido por la revista Medicina y Salud Pública, la Lcda. Maudys Sánchez, psicóloga paliativista y especialista en sexualidad y terapia de pareja, y el Dr. Julián Carreño, médico especialista en medicina familiar y conductor del espacio, pusieron sobre la mesa lo que durante demasiado tiempo ha sido una conversación aplazada.
Un problema de evidencia, no de intuición
Una de las revelaciones más importantes del programa tiene implicaciones directas para miles de mujeres que, tras la menopausia o un diagnóstico crónico, reciben o solicitan terapia de reemplazo hormonal con testosterona esperando recuperar el deseo sexual.
El Dr. Carreño fue enfático: "La terapia de reemplazo con testosterona no tiene ninguna evidencia científica en las mujeres hasta el momento para lo que es el libido y la lubricación en la mujer."
La afirmación cobra relevancia en un contexto donde la prescripción de testosterona para mujeres con bajo deseo sexual ha crecido como práctica clínica informal, en ocasiones amparada más en la demanda del paciente y en la extrapolación de estudios masculinos que en ensayos clínicos robustos con población femenina.
El especialista añadió un matiz igualmente importante: la disminución hormonal que ocurre con la edad —tanto en mujeres como en hombres— tampoco explica por sí sola los cambios en el deseo. "No está comprobado que disminuyan el libido a nivel tal que haya una diferencia tan drástica y repentinamente. Casi siempre es algo muy insidioso y lento", señaló.
El error de empezar por lo biológicoEl problema no es solo de evidencia farmacológica. Es también de orden diagnóstico: muchos profesionales de la salud tienden a atribuir la disfunción sexual a causas orgánicas antes de explorar el terreno emocional y relacional, que en la mayoría de los casos es el origen real del problema.
El Dr. Carreño describió su protocolo clínico: "Lo primero es evaluar la relación de pareja, cómo está esa relación, cómo es la actividad previa a la relación sexual. Tengo primero que evaluar los factores diádicos, los factores de la relación de pareja, etcétera. Y luego puedo evaluar mis factores hormonales."
El especialista subrayó que en el 95% de los casos de disfunción sexual hay factores emocionales y psicológicos involucrados, lo que convierte el salto directo a la medicación hormonal en un atajo que puede resultar ineficaz o incluso contraproducente.
La Lcda. Sánchez coincidió desde su experiencia con pacientes en cuidados paliativos: "El interés sexual no solamente viene de la parte orgánica, de la parte fisiológica, sino también que aquí están integrados otros factores: factores de comunicación, factores de relación, el vínculo que lleva con su pareja, algunos factores circunstanciales de lo que se está viviendo."
El diagnóstico que también separa a las parejasLa enfermedad crónica no solo afecta al paciente. Con frecuencia, transforma la manera en que la pareja lo percibe, generando una distancia afectiva que se traduce inevitablemente en distancia sexual.
El Dr. Carreño lo ilustró con un ejemplo de su práctica: "Me ha pasado que pacientes con cáncer, en etapas iniciales, van a la consulta con su pareja y me dicen: 'Doctor, ya mi marido no me quiere poner la mano porque a mí me dijeron que tengo cáncer, pero yo me siento normal todavía y tengo deseos todavía, pero él no me quiere poner la mano porque cree que me va a hacer daño'."
Y también ocurre a la inversa: "La señora no quiere tener nada con su marido porque le han dicho que tiene algo de la presión, de la diabetes, y le dicen: 'No quiero que te vaya a pasar algo'."
La Lcda. Sánchez aportó la perspectiva del paciente que enfrenta el estigma del diagnóstico: "Una de las barreras que tiene un paciente para poder decir su diagnóstico es que no le vean con pena, que no lo vean con lástima. Porque una vez que al paciente se le diagnostica una enfermedad como el cáncer, las personas comienzan a verlo con esos ojos de lástima, y el paciente no quiere que lo vean así. Quiere que lo vean como él era, con su identidad, con su personalidad."
La barrera está también en los profesionales de la saludUna revisión de literatura científica abarcada entre 2018 y 2025, citada por la Lcda. Sánchez durante el programa, identificó variables recurrentes que explican por qué la sexualidad sigue siendo el gran ausente de la conversación clínica: la falta de comunicación sobre el tema de parte del personal asistencial, la ausencia de espacios de intimidad en los centros de atención, y la necesidad no resuelta del paciente de comprender qué ha pasado con su sexualidad tras el diagnóstico.
Pero Sánchez fue cuidadosa al no culpar al equipo médico: "No se evidencia no porque los médicos no quieran, sino más bien porque muchas veces no están capacitados y por el mismo estigma social también se cohíben. Porque, ¿cómo yo le voy a preguntar a este paciente que tiene dolor por su sexualidad? ¿Qué va a pensar de mí?"
¿Qué hacer entonces?Para la Lcda. Sánchez, el camino empieza por desmontar la jerarquía que coloca lo biológico por encima de lo emocional. Su recomendación para mujeres que consultan por bajo deseo sexual en la menopausia es clara: primero explorar el estado de la relación de pareja y los factores psicológicos, y solo entonces evaluar alternativas médicas con el especialista correspondiente.
"Hay manera de poder reavivar ese interés sexual. Primero se ventila la parte médica y después entonces acudir a un profesional del área de la salud en cuanto a la sexualidad, un sexólogo", explicó.
Y en cuanto a lo que sí está disponible con respaldo clínico, el Dr. Carreño fue preciso: "Hay medicamentos, hay cremas y hay un sinnúmero de cosas que podemos utilizar, que eso tendría que indicárselo su médico." La testosterona, aclaró, no está entre las opciones con evidencia científica validada para esta población.