Graziely no puede hablar, ver ni caminar, y aunque recibe apoyo gubernamental, los recursos son insuficientes para cubrir sus necesidades básicas y médicas, lo que ha llevado a la madre a iniciar campañas de donaciones.
Por: Katherine Ardila
En 1994, mientras esperaba con ilusión el nacimiento de su primera hija, Adalgisa Soares Alves recibió un diagnóstico devastador: había contraído rubéola durante el embarazo.
La Organización Mundial de la Salud advierte que esta enfermedad puede causar el síndrome de rubéola congénita, con consecuencias que incluyen ceguera, sordera, defectos cardíacos y discapacidades permanentes.
Sin embargo, lo que siguió fue todo un proceso de adaptación y resiliencia maternal que continúa hasta el día de hoy.
El diagnóstico que cambió todo: HidrocefaliaLos médicos brasileños detectaron hidrocefalia severa en el feto -acumulación anormal de líquido cefalorraquídeo que agranda el cráneo- y pronosticaron que la bebé no viviría más de tres meses.
Treinta años después, Graziely sigue con vida. Aunque su cerebro no se desarrolló completamente y presenta múltiples discapacidades, el cuidado constante de su madre ha mantenido con vida a esta mujer que mide un metro y pesa 69 kilogramos.
Adalgisa se ha convertido en cuidadora full-time de su hija, atendiendo sus necesidades las 24 horas del día. Aunque recibe apoyo gubernamental, los recursos son insuficientes para cubrir gastos médicos y elementos básicos como pañales para adultos.
"No trabajo, solo la cuido; estoy feliz de hacerlo y es gratificante verla sonreír", confiesa la madre, quien recientemente inició una campaña de donaciones a través de redes sociales para complementar los gastos.
Aunque su hija no puede hablar, ver ni caminar, y los médicos afirman que no entiende, esta mujer asegura asegura que siente y oye: "nosotros hablamos, ella sonríe. Los médicos pueden incluso decir que no entiende nada, que no tiene cerebro. Pero para mí, ella entiende".
Esta convicción ha sido el motor que ha sostenido tres décadas de cuidados ininterrumpidos.
Amor y fe maternalSu historia se ha viralizado en redes sociales, conmoviendo a miles de personas que han respondido con apoyo económico y emocional. "Siempre espero que viva muchos años. Transmite energía positiva y siento una paz que se desborda cuando alguien la visita", comparte la madre.
Quién explica que su fe la ha llevado hasta allí: "Nunca pierdo la esperanza porque soy una mujer de mucha fe y siempre pongo a Dios por encima de todo, oro mucho todos los días".
Sin importar los pronósticos médicos, Graziely hoy es una mujer de 29 años.