Lesiones en diana, ampollas y fiebre: Así se presenta el eritema multiforme

Una enfermedad de la piel poco conocida que afecta principalmente a adultos jóvenes y está asociada con infecciones virales

Por: Laura Guio


El eritema multiforme es una reacción cutánea aguda que puede alarmar a quienes la padecen por su aparición repentina, pero que generalmente se resuelve por sí sola sin necesidad de tratamiento complejo.

 Esta condición, que afecta principalmente a personas entre 20 y 40 años, se caracteriza por lesiones distintivas en forma de diana o "blanco de tiro" que aparecen en la piel.

¿Qué desencadena esta reacción?

La mayoría de los casos de eritema multiforme están provocados por el virus del herpes simple (VHS), específicamente el tipo 1, que es más común que el tipo 2 como causa de esta condición. Los expertos consideran que se trata de una reacción inmunológica dirigida contra fragmentos de ADN del virus presentes en las células de la piel.

"Aunque la infección por herpes simple es extremadamente común, el eritema multiforme es una manifestación rara de esta infección, lo que sugiere que existe una predisposición genética en quienes lo desarrollan", explican los especialistas en dermatología.

Además del herpes, otras causas menos frecuentes incluyen infecciones bacterianas como el Mycoplasma, ciertos medicamentos antiinflamatorios y antibióticos, vacunas, e incluso enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico.

Síntomas característicos que facilitan el diagnóstico

El eritema multiforme se manifiesta con la aparición súbita de lesiones cutáneas que pueden ser máculas, pápulas, vesículas o ampollas. La característica más distintiva es la lesión en forma de diana: un centro de color violáceo rodeado por un anillo pálido y un halo rosado exterior.

Estas lesiones suelen aparecer de manera simétrica en las extremidades, especialmente en palmas de las manos y plantas de los pies, y pueden extenderse hacia el tronco. En algunos casos, también afectan los labios y el interior de la boca, causando erosiones dolorosas en el paladar y las encías.

Los síntomas adicionales pueden incluir fiebre baja, dolor de cabeza, malestar general, picazón en la piel y dolor articular. Existen dos formas de la enfermedad: la menor, que principalmente causa lesiones cutáneas, y la mayor, que puede afectar también los ojos, genitales y mucosas.

Diagnóstico clínico sin necesidad de pruebas complejas

Los médicos generalmente pueden diagnosticar el eritema multiforme simplemente observando las características de las lesiones cutáneas. Rara vez es necesario realizar una biopsia de piel, aunque en casos dudosos este examen puede confirmar el diagnóstico.

Es importante distinguir esta condición de otras enfermedades de la piel como la urticaria, el pénfigo o el síndrome de Stevens-Johnson, una enfermedad más grave que requiere atención inmediata.

Tratamiento y prevención de recurrencias

La buena noticia es que el eritema multiforme se resuelve espontáneamente en la mayoría de los casos. El tratamiento se enfoca en aliviar los síntomas: antihistamínicos para controlar la picazón, compresas húmedas sobre las lesiones, analgésicos para reducir la fiebre y enjuagues bucales para las úlceras en la boca.

Sin embargo, las recurrencias son frecuentes. Cuando los episodios se repiten más de cinco veces al año y existe sospecha de asociación con el virus del herpes, los médicos pueden prescribir tratamiento profiláctico con antivirales como aciclovir, famciclovir o valaciclovir. Estos medicamentos pueden reducir significativamente la frecuencia de los brotes.

Además, se recomienda a los pacientes mantener una buena higiene para prevenir infecciones secundarias, usar bloqueador solar y evitar la exposición excesiva al sol, ya que esto puede desencadenar nuevos episodios.

Una condición autolimitada pero vigilada

Aunque el eritema multiforme generalmente no representa un peligro grave para la salud, es importante consultar con un dermatólogo ante la aparición de lesiones cutáneas inusuales. El diagnóstico oportuno permite diferenciar esta condición de otras más severas y establecer estrategias para prevenir recurrencias que puedan afectar la calidad de vida del paciente.

La investigación continúa explorando la relación entre ciertos tipos de antígenos leucocitarios humanos (HLA) y la predisposición a desarrollar esta condición, lo que en el futuro podría permitir identificar a las personas en riesgo y establecer medidas preventivas más efectivas.




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