La enfermedad se confundió con patología maligna o inflamatoria intestinal debido a síntomas inespecíficos; el diagnóstico definitivo se logró por hallazgos histológicos y tinciones especiales (PAS/GMS), ya que no se realizó cultivo.
Por: Katherine Ardila
Una mujer de 31 años fue trasladada al Hospital para evaluar una masa colónica avanzada. La paciente había gozado de buena salud hasta año y medio antes de su ingreso, cuando se sometió a una cirugía bariátrica debido a obesidad mórbida (IMC: 50,1).
Aproximadamente un año después de la intervención, desarrolló dolor abdominal intermitente, generalizado y progresivo, acompañado de fiebre persistente durante un mes. No se reportaron náuseas, vómitos ni diarrea en su historial inicial.
Una colonoscopia realizada previamente reveló una lesión ulcerosa en el colon descendente, y la biopsia confirmó un diagnóstico inicial de colitis ulcerosa. Sin embargo, tras seis meses de tratamiento con inmunosupresores, no se observó mejoría clínica.
Por el contrario, los síntomas empeoraron, lo que motivó la realización de nuevos estudios mediante tomografía computarizada (TC). Estas imágenes mostraron una masa abdominal de apariencia maligna que envolvía el colon transverso, el estómago, la cola del páncreas y el riñón izquierdo.
Nuevas biopsias colonoscópicas y mediante Trucut de la masa evidenciaron ulceración, necrosis y una reacción inflamatoria aguda.
Evaluación clínica y quirúrgicaAl ingreso, el examen físico mostró fiebre baja (37.9 °C) y dolor abdominal a la palpación. Los estudios de laboratorio detectaron leucocitosis leve, anemia moderada y eosinofilia, junto con elevación de la velocidad de sedimentación globular (VSG) y proteína C reactiva (PCR).
Otras pruebas, como urea, creatinina, glucosa y funciones hepáticas, estaban dentro de rangos normales. Dada la sospecha de malignidad avanzada de colon basada en los hallazgos clínicos, radiológicos e histológicos previos, se decidió realizar una laparotomía exploratoria. Durante la intervención, se observó una afectación extensa de órganos viscerales, lo que requeriría una resección quirúrgica amplia.
Diagnóstico definitivo: Basidiobolomicosis gastrointestinal diseminadaLa evaluación macroscópica reveló dos masas bien delimitadas, de consistencia gomosa y aspecto cremoso. La masa más grande, de 17 × 15 × 10 cm, se localizaba en la submucosa del colon y el páncreas, con extensión al estómago. El estudio histológico mostró cambios inflamatorios agudos y crónicos con una reacción predominantemente granulomatosa y un marcado aumento de eosinófilos.
La presencia de hifas fúngicas anchas, de paredes delgadas y aseptadas, rodeadas por el fenómeno de Splendore-Hoeppli (material eosinofílico irradiado), permitió sospechar infección por basidiobolomicosis. El diagnóstico se confirmó mediante tinciones especiales como ácido peryódico de Schiff (PAS) y plata metenamina de Grocott (GMS).
Cabe destacar que, aunque la muestra se envió en formalina al 10% para descartar cáncer, no se realizó cultivo de tejido debido a la baja sospecha inicial de infección fúngica.
Al revisar las biopsias previas realizadas en otro centro, se identificó un pequeño foco del fenómeno de Splendore-Hoeppli que había pasado desapercibido debido a la falta de familiaridad de los patólogos con esta entidad clínica.
Manejo terapéutico y evolución clínicaSe inició tratamiento antifúngico intravenoso con fluconazol, pero la paciente presentó intolerancia gastrointestinal (náuseas, vómitos y diarrea) a los dos días, por lo que se sustituyó por itraconazol oral durante seis meses.
En la visita de seguimiento a las dos semanas, la paciente mostró mejoría significativa de sus síntomas. Durante las evaluaciones semestrales posteriores, no se detectaron déficits clínicos ni radiológicos, confirmando la resolución exitosa de la infección.
DiscusiónLa basidiobolomicosis gastrointestinal es una enfermedad infrecuente causada por el hongo ambiental Basidiobolus ranarum, que típicamente afecta la piel y el tejido subcutáneo, siendo la afectación visceral excepcional.
Este caso (Soleimani N,et al), originado en el norte de Irán, destaca por ser el primero reportado en esa región, sumándose a los pocos descritos a nivel global, principalmente en niños de países de Medio Oriente, aunque nuestra paciente era una mujer adulta inmunocompetente.
El diagnóstico es un desafío debido a la inespecificidad de sus manifestaciones clínicas –dolor abdominal, fiebre, masa palpable– que comúnmente conducen a errores diagnósticos, principalmente neoplasias malignas o enfermedad inflamatoria intestinal.
La eosinofilia periférica y tisular es una pista clave, aunque frecuentemente pasa desapercibida. El estándar de oro para el diagnóstico es el cultivo en agar Sabouraud, pero, como en nuestro caso, la baja sospecha inicial y el envío de las muestras en formalina suelen impedirlo, relegando el diagnóstico al hallazgo histológico: hifas anchas aseptadas rodeadas por el fenómeno de Splendore-Hoeppli, confirmado con tinciones especiales (PAS/GMS).
El tratamiento se basa en la resección quirúrgica de las lesiones afectadas seguida de terapia antifúngica prolongada (6-12 meses). El itraconazol es la primera línea, mientras que la anfotericina B no se recomienda por resistencia intrínseca.
Este caso subraya la necesidad de incluir esta infección en el diagnóstico diferencial de masas abdominales, especialmente en regiones endémicas, y de promover una comunicación más estrecha entre clínicos y patólogos para evitar retrasos terapéuticos y la progresión de una enfermedad potencialmente curable.