La Convención del Colegio Americano de Cirujanos reunió a los principales exponentes de la disciplina quirúrgica en la Isla y renueva el debate sobre innovación, formación y acceso al cuidado.
Por: Laura Guio
En el marco de la 75.ª Convención Anual del Colegio Americano de Cirujanos (ACS), Capítulo de Puerto Rico, el Dr. Kervin Arroyo, presidente de la organización, concedió una entrevista exclusiva a la revista Medicina y Salud Pública en la que repasó los avances más significativos de la cirugía general y laparoscópica, el rol emergente de la tecnología robótica y los retos que enfrenta la práctica quirúrgica en la Isla.
La convención, celebrada este año bajo el peso simbólico de siete décadas y media de historia institucional, congregó a cirujanos en ejercicio, residentes y estudiantes de medicina de todo Puerto Rico, y sirvió de escenario para presentaciones científicas, sesiones educativas y el relevo generacional que, según el propio presidente, augura un futuro prometedor para la especialidad.
Un capítulo con historia y con relevo generacional
El ACS Capítulo de Puerto Rico fue fundado en 1952, convirtiéndose en uno de los primeros capítulos regionales de la organización madre, establecida en Chicago en 1913. Hoy cuenta con 155 miembros activos, aunque cerca del 38% supera los 70 años de edad, lo que hace que la incorporación de jóvenes profesionales sea una prioridad institucional.
"Tenemos mucha gente joven, y cada vez los estudiantes se ponen más competitivos, salen mejor de los exámenes y son más brillantes", afirmó el Dr. Arroyo.
La convención incluyó este año una sesión matutina dedicada íntegramente a presentaciones estudiantiles, coordinada por el Dr. Joel de Sequeira, con el propósito de dar visibilidad al trabajo académico de las nuevas generaciones.
La cirugía general y el avance de lo mínimamente invasivoEl Dr. Arroyo, especialista en cirugía general con subespecialidad en laparoscopía avanzada, explicó con claridad el alcance de ambas disciplinas. La cirugía general abarca el tratamiento médico y quirúrgico del aparato digestivo, así como patologías de mama, tiroides, cánceres de piel y hernias abdominales.
La cirugía laparoscópica, en cambio, permite abordar casos de mayor complejidad —colectomías, procedimientos gástricos, hernias complejas— a través de incisiones mínimas.
"La cirugía laparoscópica o mínimamente invasiva son pequeñas heridas que hacemos en el abdomen y ahí podemos hacer casos un poco más complejos", explicó el cirujano. "Lo regular son muchas vesículas, que son muy comunes, pero la laparoscopía está muy desarrollada".
El impacto de esta evolución técnica se refleja directamente en la experiencia del paciente. Procedimientos que antes requerían hospitalización previa y varios días de recuperación —como la reparación de una hernia— hoy se realizan de forma ambulatoria, con el paciente regresando a su hogar el mismo día de la intervención.
"Antes, para operar una hernia, tenían que admitir al paciente antes y después dos o tres días después lo daban de alta. Ahora es un caso que se va a la casa el mismo día", destacó Arroyo.
El robot en el quirófano: Aliado, no sustitutoUno de los temas de mayor debate en la medicina contemporánea es el papel de la tecnología robótica en la sala de operaciones. Para el Dr. Arroyo, la respuesta es clara: el robot es una herramienta de precisión al servicio del cirujano, no un reemplazo.
"Siempre lo que es el juicio clínico y ese trato especial para el paciente, eso no lo puede hacer nadie", afirmó categóricamente.
Sin embargo, reconoció que en determinadas especialidades el robot ofrece ventajas clínicas objetivas. En urología, por ejemplo, la prostatectomía robótica permite alcanzar zonas de la pelvis de difícil acceso con mayor precisión, lo que se traduce en anastomosis más seguras y recuperaciones más rápidas.
"Es mejor para el paciente porque la recuperación es más rápida y usualmente el caso es que estaban dos o tres días en el hospital; a veces se van a la casa", señaló.
Inteligencia artificial: Más presente en la educación que en el bisturíConsultado sobre el rol de la inteligencia artificial (IA) en la cirugía actual, el Dr. Arroyo fue preciso: su mayor impacto, por ahora, se da en el terreno educativo y de entrenamiento, no directamente en el procedimiento quirúrgico.
"Se está viendo mucho más en lo que es la educación", explicó. A través de plataformas digitales y simuladores conectados a sistemas robóticos, un médico en Boston puede orientar en tiempo real a un colega en Puerto Rico sobre cómo ejecutar un procedimiento. "Antes yo veía un atlas con una foto; ahora yo puedo ver el training en la computadora", añadió.
La cirugía como último recurso: Riesgo, consentimiento y responsabilidadEl presidente del ACS Puerto Rico fue enfático en recordar que la intervención quirúrgica, salvo en casos de emergencia como una apendicitis o un divertículo perforado, debe considerarse siempre como la última opción terapéutica disponible. La comunicación con el paciente, subrayó, es un pilar ético irrenunciable.
"Como clínicos y como doctores, tenemos que dejarle saber al paciente para que ellos puedan entonces determinar un consentimiento informado de su decisión en tratamiento", afirmó Arroyo, recordando que incluso los procedimientos más rutinarios conllevan un margen de riesgo que el paciente tiene derecho a conocer.
Puerto Rico exporta talento, pero también lo formaLa entrevista dejó también espacio para reflexionar sobre la fuga de cerebros quirúrgicos. Puerto Rico cuenta con dos programas de residencia en cirugía —uno en el Centro Médico de Ciencias Médicas y otro en Ponce— pero una proporción significativa de los egresados emigra a Estados Unidos para completar subespecialidades y, en muchos casos, no regresa. Se estima que hay más cirujanos cardiovasculares puertorriqueños ejerciendo en el continente que en la propia Isla.
No obstante, el Dr. Arroyo, quien completó parte de su formación en el Hospital San Rafael y en el Mount Sinai de Nueva York antes de regresar a Puerto Rico en 2010, ve en esa diáspora un motivo de orgullo más que de desaliento. "Hay muchos cirujanos puertorriqueños en EE.UU., con buena fama y excelentes médicos", afirmó.
La clave para la retención, sugirió, pasa por garantizar condiciones de práctica competitivas en la Isla: tecnología de punta, oportunidades de educación continua y, precisamente, espacios como el que ofrece cada año la convención del ACS.