Vivir para contarlo: crónica de un trabajo humanista

Andrea Ramos León

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

 

Aunque la jornada ha sido ardua, los médicos y profesionales de la salud no han cesado de ofrecer los servicios médicos a los refugios y a las comunidades más afectadas de Puerto Rico.

En medio de la angustiante espera de muchos puertorriqueños por el restablecimiento de los servicios esenciales como la luz y el agua, el país se reencontró para ayudar a los damnificados. Demostrando así, cómo la hermandad aflora en tiempos difíciles. Lo mismo sucedió entre los grupos de los profesionales de la salud y los médicos puertorriqueños, quienes decidieron salir de sus cubículos, oficinas y salas de hospitales para ofrecerle a los más necesitados los servicios médicos en medio de la emergencia.

Desde el pasado 20 de septiembre, cientos de profesionales de la salud, en conjunto con el Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico y su presidente, doctor Víctor Ramos, salieron a la calle a ayudar con suministros de medicamentos y evaluaciones médicas, tanto a pacientes con condiciones crónicas como la diabetes y el cáncer, hasta a aquellos contagiados con brotes de conjuntivitis, gastroenteritis, diarrea, sarna humana y la infección de leptospira.

Todos los días el grupo de médicos, enfermeros, salubristas y otros voluntarios se reunían en horas de la mañana en la estación del Tren Urbano de la Avenida Martínez Nadal, para establecer las distintas rutas hacia las regiones del país, y así, armados del don del humanismo y el peritaje clínico, se dividían en grupos, se asignaban las regiones, se comunicaban con los refugios para avisarles de la ayuda que estarían ofreciendo y se lanzaban sin hora de llegada a ayudar a aquellos que no contaban con los medios ni los recursos para atender su salud.

También, apoyaban a las autoridades sanitarias a implementar los protocolos necesarios en medio de la sospecha de alguna enfermedad infecciosa como la conjuntivitis. Por ello, se hacían cargo del manejo de alimentos para evitar la gastroenteritis y además, lograban transferir pacientes que necesitaban ser atendidos en las instituciones hospitalarias de la isla, incluyendo centros de salud mental.

 

El impacto de los médicos no tuvo límites, pues lograron penetrar municipios de la montaña como Villalba, Morovis, Ciales, entre otros.

De otra parte, Julio Irson Ramos, presidente del Capítulo de San Juan del Colegio de Profesionales de Enfermería de Puerto Rico, manifestó que el hambre y la sed espiritual se palpaba entre los refugiados, y que, a pesar de la ardua labor por tratar de ayudar a todos los necesitados, la sinergia entre los profesionales de la salud retribuyó a éstos la energía para poder ayudar a la mayoría de los puertorriqueños desprovistos de recursos económicos y de salud.

Además, confirmó a este medio, la falta de profesionales de la salud en la isla-municipio de Vieques y Culebra. Por ejemplo, reconfirmó a MSP, que en Vieques sólo operaban no más de cinco enfermeros y dos médicos para toda la población. Según fuentes de este medio, existió una barrera para aceptar a los pacientes bajo la cubierta de la Reforma de Salud, siendo éstos mayoría en dicha población.

Así, alrededor de 50 profesionales de enfermería, al igual que otros voluntarios, se unieron al llamado de ayuda humanitaria para la recuperación de Puerto Rico.

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