¿Por qué es tan difícil desarrollar nuevos antibióticos?

FUENTE: BBC Mundo

Hace casi 90 años se originaron los antibióticos. Justo cuando Alexander Fleming regresó de sus vacaciones y encontró Penicillium en una placa de Petri en su laboratorio del Hospital St Mary en Londres.

Ahora, casi 70 años después de la época de oro de los antibióticos, la dependencia excesiva a estos medicamentos ha aumentado las advertencias de su uso. Aun así, los científicos continúan buscando nuevos logros, probando microbios en fuentes tan diversas como tierra, cuevas y sangre del dragón de Komodo.

Sin embargo, a pesar de estos extraordinarios avances, la realidad es que los antibióticos efectivos se están acabando. Pero, ¿por qué, en esta era de increíbles avances médicos y científicos, ha sido tan difícil obtener nuevos antibióticos?

La respuesta está en el desafío científico y en la crisis económica del trabajo de investigación y desarrollo. Quizás la parte menos conocida de la historia de Fleming es el largo período de investigación y colaboración que realizó durante 1940, antes de que el Penicillium se convirtiera en el primer antibiótico del mundo. O que el propio Fleming advirtió, desde el inicio, que la bacteria podía volverse resistente a los medicamentos.

Y, aunque para los pacientes, los antibióticos pueden parecer un simple tratamiento para infecciones, la realidad es que el fármaco tiene una compleja relación con la misma bacteria que fue diseñado para destruir. De forma que, todos los microorganismos evolucionan. Los que desarrollan defensas contra los antibióticos sobrevivirán y quienes no tienen defensas morirán. Por ello, entre más antibióticos se usen, más rápido se hace el proceso de la bacteria para desarrollar resistencia.

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En la actualidad, el camino hacia el descubrimiento de medicinas clínicamente aprobadas es largo, y la tasa de fracasos es alta, razones por las cuales la creación de antibióticos toma, desde el descubrimiento hasta el fármaco, entre 10 y 20 años. El proceso comienza con la investigación básica para identificar organismos que producen sustancias antibióticas, después, los científicos observan diferentes químicos, combinaciones de químicos y formas de debilitar a la bacteria. Cuando se encuentra un candidato éste debe ser probado con bacterias infecciosas conocidas. Luego, si el resultado es prometedor, será analizado para ver su posibilidad de toxicidad en el humano

 y debe ser producido a escala. Sólo entonces podrán comenzar los años de ensayos clínicos.

Durante décadas, ninguna clase nueva de antibióticos ha sido inventada. De hecho, todos los antibióticos que llegaron al mercado en los últimos 30 años han sido variantes de los fármacos existentes descubiertos hasta 1984. Lo más preocupante es que fue desde 1962 cuando se descubrieron las últimas nuevas generaciones de antibióticos para tratar a los infectados con las superbacterias gram-negativas más resistentes. Estas incluyen las bacterias multirresistentes que pueden causar infecciones del flujo sanguíneo que son a menudo graves y letales.

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Por otra parte, los antibióticos no sólo son complejos de desarrollar, los nuevos productos más innovadores no pueden ser vendidos con libertad. Éstos deben colocarse en reserva para los casos más graves. Esto no presenta una oportunidad de inversión atractiva y durante los últimos 30 años las compañías farmacéuticas han reducido significativamente su trabajo para desarrollar nuevas terapias antibacterianas.

No obstante, los nuevos fármacos, aunque son vitales son sólo parte de la solución, debido a que se necesita: explorar el potencial de las vacunas para proteger contra las infecciones, brindar más conocimiento acerca de dónde se están propagando las infecciones farmacorresistentes y mejorar la higiene en hospitales, clínicas y comunidades. Para así, convertir a los antibióticos en un recurso valioso que debe ser usado sólo cuando es necesario.

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