Pandemias en la historia: cómo ha sobrevivido la humanidad

Pandemia Históricamente la humanidad ha tenido que atravesar por varias pandemias y padecimientos mortales.

Publicado en: FIFARMA
Agencia Latina de Noticias Medicina y Salud Pública

La sociedad a lo largo de su historia ha tenido que combatir varios tipos de enfermedades y padecimientos que han ocasionado altas tasa de mortalidad y graves consecuencias en cada uno de los individuos que han sufrido de estas afecciones. Las pandemias se dan debido a un virus o bacteria en específico transmitido de individuo a individuo.

Los virus, parásitos y bacterias que causan enfermedades siempre han existido, se han mutado y han aparecido en diferentes momentos del mundo. Las últimas pandemias, incluído COVID-19, no son enemigos nuevos para la humanidad, sin embargo, la manera de erradicarlo si ha cambiado mucho gracias a la labor de los científicos, los médicos y las farmacéuticas.

De hecho, hasta mediados del siglo XIX la edad promedio era solo de 29 años, comparado a los 72 años en la actualidad. Esto sucedía porque muchos niños y jóvenes morían a causa de enfermedades e infecciones. Los antibióticos no existían y las pocas vacunas que existían no se utilizaban para prevenir enfermedades, entonces los jóvenes no lograban resistir una infección. Adicionalmente, los patógenos se reproducen con facilidad. Cuando un virus infecta a una persona, esta empieza a convertirse en una fábrica que replica el virus y lo esparce.

Se denomina a una enfermedad una “pandemia” cuando una infección alcanza a todos los continentes del planeta, los contagios dejan de ser importados y pasan a ser por transmisiones locales. Estos son algunos ejemplos de enfermedades que han cruzado el globo, cómo se han combatido y las lecciones que se pueden sacar para afrontar al coronavirus.

Peste de Justiniano

Esta es la primera pandemia de la que se conservan fuente escritas y sucedió en el Imperio Bizantino en el año 541. El reino estaba en un momento de esplendor, porque estaban conquistando tierras en Italia y en África, y durante una de esas conquistas se encontraron con un virus que mató al 25 por ciento de la población mundial. La humanidad tuvo brotes locales y esporádicos hasta el año 750, con ciclos que se repetían cada ocho o diez años, siendo el primer brote de la enfermedad el más extenso y mortífero. Finalmente, la peste desapareció hasta el siglo XIV.

La respuesta de las personas fue prácticamente nula, algunos huyeron fuera de las ciudades para escapar de la peste, otros se quedaban en sus casas para no contagiarse. La medicina no estaba preparada para combatir la enfermedad. Fue hasta 1988 que científicos lograron aislar la bacteria que mató a las personas en esta peste, y descubrieron que era yersinia pestis, la misma cepa que ocho siglos más tarde se llamaría la peste negra.


Peste negra

Esta enfermedad se desató en la Edad Media entre 1346 y 1347 en Europa. El virus empezó a propagarse a las orillas del mar negro (que está encerrado entre los balcanes en Europa Occidental), cuando los mongoles estaban atacando la península de Crimea. La ventaja de este virus es que era muy letal, entonces la gente moría rápido y por tanto, la expansión era lenta. Aún así, hay estudios que demuestran que murió hasta el 60% de la población Europea. De 80 millones de ciudadanos, el continente pasó a tener 30 millones en solo seis años.

A las causas de la enfermedad se le dieron explicaciones sobrenaturales, como por ejemplo que era generado por la corrupción del aire provocada por la materia orgánica en descomposición, o que tenía un origen astrológico (eclipses, paso de cometas, planetas alineados). Finalmente, fue hasta el siglo XIX que bacteriólogos descubrieron que era la yersinia pestis, un virus que afectaba a las ratas y otros roedores y se transmitía a humanos a través de parásitos que vivían en esos animales como las pulgas.

Es decir, la peste era una zoonosis (enfermedad que pasa de los animales a los humanos). Los primeros síntomas se manifestaban de 16 a 23 días de la enfermedad en el cuerpo. Producía fiebres altas, inflamación en el cuello o ingles, escalofríos e inflamación en el ganglio linfático, que recibía el nombre de “bubón” o carbunco, de ahí viene el término de “peste bubónica”. Además, cuando el virus se pasaba a la sangre, producía una manchas negras en el cuerpo por las hemorragias, de ahí el nombre “peste negra”.

Para tratar la peste, los doctores hacían intervenciones quirúrgicas para quitar los bubones endurecidos de la ingle, axilas y cuello. En caso de que los bubones no aparecieran, le daban al enfermo purgas, pomadas caseras u orines. También, quemaban hierbas aromáticas para purificar el ambiente o usaban azufre para combatir la contaminación del aire. La única medida que logró ser útil en ese momento, fue la quema de ropa, pieles y alfombras de las personas enfermas, porque acababa con las pulgas.

Viruela

Durante el siglo XVIII, XIX y XX, la viruela acabó con el 90% de los indígenas de Estados Unidos y en Europa mató a 56 millones de personas. Se expandió con facilidad al “nuevo mundo” porque cuando los conquistadores empezaron a cruzar el océano, la población nativa no tenía las defensas necesarias para combatir esta nueva enfermedad.

Su tasa de mortalidad llegó a ser del 30 por ciento, pero es de las pocas enfermedades que la medicina ha logrado erradicar por completo con una vacuna. La cura fue creada por Edward Jenner, investigador y médico, en 1796 en Inglaterra, con el método de inoculación, que es una técnica para preservar la enfermedad para luego introducirla en el humano y crear defensas. El último caso de viruela se registró en 1977 en Somalia.

Gripe de 1918 o gripe española

El mundo declaró la pandemia durante la Gran Guerra (1914 – 1918), que era entre el Imperio Austro-Húngaro y el reino de Serbia, pero involucró a todas las potencias europeas. Se le llamó la gripe española porque durante la Guerra, España fue un país neutral y por tanto fue el primer país que habló de la pandemia abiertamente, entonces se pensó que había surgido allí.

De hecho, no sé sabe exactamente de dónde salió el virus, pero la teoría más concurrida es que surgió en el estado de Kansas, Estados Unidos. Allí se reportó una gripe grave en enero de 1918 seguido de la muerte de 3 personas. Luego, el virus se movió a Nueva York y contagió a tropas que se iban a la guerra. Finalmente, la gripe llegó primero a Francia desde Estados Unidos y rápidamente se expandió por toda Europa.

Algunas medidas que se tomaron en el mundo fueron las de uso de tapabocas, aspersiones en las garganta, hacer gárgaras, aislamiento, distanciamiento social y pasar a hacer las actividades al aire libre. Además, se incentivó el lavado de dientes y nariz, los remedios caseros como infusiones de eucalipto, tilo y limón, sahumerios de eucalipto, lavanda y corteza de naranja o frotarse petróleo en la garganta y envolverse en pañuelo de seda.

En poblaciones donde se hizo un aislamiento temprano y prolongado hubo menos muertes. Por ejemplo en Estados Unidos, Filadelfia tuvo un aislamientos tardíos y murieron 748 personas por cada 100.000 habitantes. Mientras que lugares como Nueva York, que tuvieron medidas de aislamiento temprano, murieron 452 personas por cada 100.000 habitantes.

En América Latina las cifras fueron altas, en México murieron 300.000 personas, en Argentina 15.000, en Colombia 6.000, en Brasil 40.000 y en Uruguay 6.000. En total hubo 50 millones de muertes a causa de la gripe. El virus acabó entre el 3 y el 6 por ciento de la población mundial, y su tasa de mortalidad fue del 10 al 20 por ciento.

VIH

La enfermedad más letal de la modernidad ha sido el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), que ataca directamente al sistema inmunológico y lo agota para que no se pueda defender de otras enfermedades. Este se presentó por primera vez en 1981 y su origen se le atribuye al consumo de carne de chimpancé. Ha matado entre 25 y 35 millones de personas a nivel mundial y en la actualidad hay 38 millones de personas que viven con este virus, sin embargo, muchos son seropositivo (el virus está en niveles indetectables).

Estos niveles indetectables se lograron gracias al científico estadounidense Jerome Horowitz, que sintetizó la molécula AZT con el objetivo de tratar el cáncer. Aunque no cumplió este objetivo, en 1983, científicos de la farmacéutica Burroughs Wellcome (actual GSK) rescataron la molécula AZT para crear el primer antirretroviral. Este lograba inhibir una enzima que producía el virus de VIH. Para ese momento, según la OMS, 85 países del mundo habían detectado casos.

En 1987 se aprobó el AZT por la agencia reguladora de medicamentos de Estados Unidos, FDA, convirtiéndose en la primera terapia en contra del VIH. En la actualidad, la comunidad científica sigue avanzando para encontrar una cura definitiva a este virus.

Sin embargo, muchos de los virus que causan estas enfermedades no se han ido por completo y la posibilidad de que ocurran brotes es alta por dos razones: en la actualidad hay más humanos en el mundo –en los últimos 50 años la población del planeta se ha doblado– y hay más ganado que nunca –los viruses pueden saltar con más facilidad de los animales a los humanos–. A esto hay que sumarle la facilidad con la que las enfermedades se propagan a causa de la globalización.

Por esto, la ciencia tendrá que estar un paso más adelante que cualquier virus. Con innovación y colaboración se logrará combatir cualquier enfermedad a través de vacunas, antibióticos y tratamientos. En esta ocasión, los científicos del mundo han utilizado la experiencia y tecnología para rápidamente entender el genoma del coronavirus, pasar la información sobre su virulencia y colaborar para generar medidas que lo contrarresten. Gracias a la ciencia y la labor de las farmacéuticas, combatir esta pandemia será una experiencia completamente distinta a la de otras ocasiones.

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