No aumenta el cáncer en niños concebidos mediante fecundación in vitro

La primera generación de niños concebidos a través de técnicas de reproducción asistida (incluyendo fecundación in vitro), no mostró un aumento en el riesgo de cáncer en comparación con la población general o los concebidos utilizando otros métodos de fecundación, en el más extenso estudio de su clase en el que se efectuó seguimiento a la descendencia desde el nacimiento hasta una media de 21 años.[1]

“Nuestro estudio es el primero en comparar el riesgo de cáncer a largo plazo en niños concebidos mediante técnicas de reproducción asistida en la población general y con descendencia naturalmente concebida de mujeres subfértiles aun con el ajuste para factores de confusión”, dicen los autores del estudio publicado el 4 de febrero en la versión electrónica de Human Reproduction.

“Estos resultados proporcionan evidencia tranquilizante de que los niños concebidos como resultado de tratamientos para fertilidad no tienen un aumento en el riesgo de cáncer tras una mediana de seguimiento de 21 años”, agregó la autora principal, Flora van Leeuwen, Ph. D., jefa del Departamento de Epidemiología en The Netherlands Cancer Institute, en Ámsterdam, Países Bajos, en un comunicado de prensa de la European Society of Human Reproduction and Embryology.

“Permitirá a los médicos informar mejor a parejas que consideren tratamiento para fertilidad en torno a la seguridad a largo plazo para sus niños”, dijo.

La reproducción asistida difiere “significativamente” de la concepción natural

Aunque la fecundación in vitro y otras técnicas de reproducción asistida relacionadas como la inyección intracitoplásmica de espermatozoides se consideran muy seguras, cada fase del procedimiento, incluyendo la estimulación de múltiples folículos, el proceso de recuperación del ovocito y la preparación del espermatozoide, el cultivo de embriones, la criopreservación de espermatozoides, ovocitos y embriones y la transferencia de embrión, es sustancialmente diferente de la concepción natural.

Se estima que en el mundo 6 millones de niños han nacido como resultado de tales técnicas, y ha habido algunas inquietudes en relación con los posibles efectos perjudiciales sobre la salud. Por ejemplo, un metanálisis publicado en 2013 señaló un incremento general del riesgo de cáncer, pero otros estudios no han demostrado tal aumento en tal riesgo.[2]

Y otro estudio reciente señaló un posible aumento del envejecimiento vascular en niños concebidos mediante técnicas de reproducción asistida, según se reportó en Medscape Noticias Médicas; no obstante, el estudio fue muy pequeño.

Para un análisis más exhaustivo sobre la cuestión, Van Leeuwen y sus colaboradores recurrieron a la cohorte OMEGA, un estudio extenso de mujeres subfértiles en Países Bajos, que proporciona datos sobre la generación más antigua de niños neerlandeses concebidos a través de las técnicas de reproducción asistida.

Los datos, de 12 clínicas de fecundación in vitro de Países Bajos y dos clínicas de fertilidad entre 1980 y 2001, fueron comparados con cifras de la población general del registro de cáncer de Países Bajos entre 1989 y 2016.

En total, el estudio incluyó a 47.690 niños, incluyendo 24.269 concebidos utilizando técnicas de reproducción asistida, 13.761 concebidos de forma natural y 9.660 concebidos de manera natural o con ayuda de medicamentos para la fertilidad pero sin técnicas de reproducción asistida.

En general, se identificaron 231 casos de cáncer.

Después del ajuste con respecto a factores como edad y causas de subfertilidad, se observó que las tasas de cáncer no eran más altas en los niños concebidos a través de técnicas de reproducción asistida, en comparación con la población general (coeficiente de incidencia estandarizado [SIR]: 1,11) o niños naturalmente concebidos nacidos de mujeres subfértiles (hazard ratio [HR]: 1,00).

En los niños que habían llegado a los 18 años de edad o más, el HR de cáncer entre los concebidos mediante técnicas de reproducción asistida por contraposición a los individuos naturalmente concebidos fue de 1,25.

De los específicamente concebidos mediante inyección intracitoplásmica de espermatozoides o criopreservación de embriones, el riesgo de cáncer fue un poco más alto (HR: 1,52 y 1,80, respectivamente) pero no alcanzó la significancia en ningún caso.

Los autores añaden que dado el número de cánceres en grupos con inyección intracitoplásmica de espermatozoides o criopreservación era pequeño, “los hallazgos pueden deberse al azar y se deben interpretar con cautela”.

“Solo en tres estudios previos se investigó el riesgo de cáncer de niños nacidos después de inyección intracitoplásmica de espermatozoides o criopreservación de embriones; no se encontró un aumento significativo en los riesgos”, hacen notar.

Se necesita más investigación, sobre todo para inyección intracitoplásmica de espermatozoides y criopreservación de embriones

Aunque el tiempo de seguimiento fue 21 años (rango: 17-25 años), el seguimiento fue 20 años para los niños concebidos mediante técnicas de reproducción asistida (rango: 17-23 años) y un poco más prolongado, 24 años, para los niños naturalmente concebidos (rango: 20-30 años).

Limitaciones importantes del estudio fueron el hecho de que el cáncer en niños y adultos jóvenes por lo general es raro y en consecuencia el número de casos fue pequeño. Además, algunos posibles factores de confusión como edad gestacional, peso al nacer o causa parental de subfertilidad se omitieron en “una proporción sustancial” de la cohorte y se tuvieron que imputar.

No obstante, las fortalezas fueron el seguimiento relativamente prolongado del estudio y la inclusión de nacimientos de mujeres subfértiles, subrayan los autores.

“Este estudio, con una mediana de seguimiento de 21 años, es muy importante pues incluye un grupo de comparación de niños naturalmente concebidos nacidos de mujeres subfértiles; estas mujeres son diferentes a las de la población general y es posible que la dificultad para concebir pudiera ser un factor que influya en el riesgo de cáncer en su descendencia”, dijo Van Leeuwen.

Aunque los hallazgos tranquilizan, “dado que cada vez más niños nacen a través de inyección intracitoplásmica de espermatozoides y criopreservación de embriones, el riesgo de cáncer a largo plazo se ha de investigar en grupos más numerosos de niños nacidos como resultado de estas técnicas”, añadió.

El equipo de investigación mientras tanto está impulsando una expansión del estudio para incluir a más de 30.000 niños concebidos mediante técnicas de reproducción asistida nacidos en años más recientes.

“El estudio incluirá niños nacidos después de inyección intracitoplásmica de espermatozoides o criopreservación del embrión”, dijo Van Leeuwen. “

Esperamos que esto proporcione más evidencia sobre el posible riesgo a largo plazo de cáncer para estos niños”.

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