Los trasplantes fecales muestran una promesa contra el autismo

Al final del tratamiento hubo una reducción de aproximadamente un 25 por ciento en los síntomas de autismo.

Un pequeño estudio sugiere un tratamiento novedoso para los niños con autismo: administrar a esos pacientes jóvenes bacterias intestinales sanas frescas a través de un trasplante fecal.

Tras el procedimiento, los niños experimentaron una reducción del 25 por ciento en los síntomas relacionados con el lenguaje, la interacción social y las conductas repetitivas, señaló el coautor del estudio, James Adams, investigador sobre el autismo en la Universidad Estatal de Arizona.

No solo eso, sino que los niños también se hicieron menos hiperactivos, irritables y letárgicos, dijo Adams.

«No es una cura para el autismo, pero en 10 semanas pudimos lograr un avance sustancial», aseguró.

Muchos niños con autismo sufren de problemas gastrointestinales crónicos como diarrea y estreñimiento, con frecuencia desde la infancia, explicó Adams. Esto podría ser porque tienen bacterias intestinales nocivas o porque carecen de muchas cepas sanas.

«La mayoría de personas tienen más o menos mil especies distintas de bacterias en los intestinos, la mayoría beneficiosas», dijo. «En estudios anteriores, encontramos que a los niños con autismo les faltaban varios cientos de esas especies».

«No se trata solo de deshacerse de las bacterias malas, sino de permitir que las bacterias buenas vuelvan a crecer para combatir a las bacterias malas», planteó.

Adams y sus colaboradores decidieron observar si administrar a los niños un ecosistema intestinal totalmente nuevo podría ofrecer un alivio a más largo plazo de los síntomas de autismo.

Se administraron antibióticos especiales a 18 niños diagnosticados con un trastorno del espectro autista para eliminar las bacterias intestinales, dijo Adams. Los niños también hicieron un ayuno de medio día y se sometieron a una limpieza intestinal.

«Entonces les administramos un trasplante fecal de bacterias intestinales de unos donantes extremadamente sanos y cuidadosamente evaluados», explicó.

Un laboratorio purificó las muestras para eliminar casi todos los materiales de desecho, dejando un «súper probiótico» que tenía un 99 por ciento de bacterias saludables, dijo Adams.

Los niños tomaron unas dosis altas del «súper probiótico» durante dos días, y luego unas dosis más bajas durante ocho semanas, dijo. También tomaron un supresor de ácido estomacal para asegurar que más bacterias llegaran al intestino.

En la quinta semana del estudio, los niños habían experimentado una reducción promedio del 80 por ciento en los síntomas gastrointestinales que la mayoría habían experimentado durante años, señaló Adams.

Sin prisa pero sin pausa, los niños también experimentaron una mejora constante en los síntomas de autismo.

«Para el final del tratamiento, hubo una reducción de más o menos un 25 por ciento en los síntomas de autismo», comentó Adams.

Unos seguimientos llevados a cabo ocho semanas más tarde mostraron que sus nuevas bacterias intestinales seguían siendo sanas, y que tanto los síntomas gastrointestinales como de autismo permanecían estables, dijo.

«De forma que si cambiar el ambiente del microbioma en el estómago y los intestinos a través de un trasplante fecal puede restaurar de forma reproducible la salud digestiva de los individuos con autismo, existe el potencial de también aliviar algunos de los síntomas neurológicos del autismo», añadió.

El estudio aparece en la edición de la revista Microbiome y la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

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