Los opioides no son la única opción para el manejo del dolor

De izquierda a derecha: Dr. Fernando Sepulveda- presidente entrante, Dra.Carla Matos Rodriguez- tesorera, Dra. Marimie Rodriguez Campos- Presidenta de la asociación, Dra. Eileen Bravo- Secretaria de la Asociación, Dr. Eduardo Nadal- presidente saliente, Dr. Carlos Calvo- director de educación de la asociación

Jayleen Rodríguez
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Durante años, la ciencia recurrió  a los analgésicos opiáceos como tratamiento de primera línea para el dolor de espalda crónico y dolores en las articulaciones. A pesar de que los peligros de adicción y sobredosis se hicieron más claros, los beneficios de la droga para aliviar el dolor se creía que justificaban sus riesgos.

Ahora los médicos tienen otras creencias basadas en investigaciones con datos fuertes que desafían esta visión.

La Asociación Puertorriqueña de Medicina Física y Rehabilitación, por ejemplo, se hizo eco de esta nueva teoría científica en su trigésima convención anual donde discutió los retos e innovaciones en el manejo del dolor, la importancia de las imágenes radiológicas y su correlación clínica en pacientes con lesiones musculoesqueléticas.

En el evento donde participaron aproximadamente 125 doctores con diversas sub-especializaciones, el tema más discutido fue el manejo del dolor aunque no se quedaron otros como el de medicina deportiva.

La presidenta de la Asociación, Dra. Marimie Rodríguez Campos, aseguró que el objetivo de la convención fue mantener a los especialistas informados sobre las nuevas tendencias en manejo del dolor y conocer a través de las conferencias ofrecidas los retos e innovaciones en la practica del manejo del dolor.

En la convención hubo conferencias sobre los mitos y verdades de los tratamientos con opioides, medicamentos anti-inflamatorios para manejo del dolor, actividad física y ejercicios para las personas de la tercera edad con dolor en la espalda baja y la verdad sobre el tratamiento de láser para el manejo del dolor.

“Recientemente en los Estados Unidos y Puerto Rico, se ha visto un alza significativa en el uso de opioides, ocasionando que los pacientes se sobremediquen para manejar el dolor y eso es preocupante”, expresó la Dra. Rodríguez.

Los opioides se utilizan para disminuir el dolor, pero no deben ser el único agente reductor del dolor, mencionó la especialista.

Mientras, el Dr. Soto Quijano, presentó hallazgos científicos sobre la efectividad del tratamiento láser, y explicó que “según estudios realizados en pacientes con dolor e hinchazón, el uso de tratamiento láser, disminuye un 65 por ciento en un periodo de 62 horas”.

También argumentó otro hallazgo científico en el que se experimentó el tratamiento  láser en 40 pacientes de fibromialgia, dividiendo el grupo en dos, (a un grupo placebo y otro con tratamiento láser), donde se demostró una mejoría significativa en dolor, ansiedad y calidad de vida de los pacientes.

El estudio comparó el efecto del tratamiento láser con el Kinesio Tapping, asegurando que “ambos tratamientos tienen un efecto de mejoría significativa”.

El experto aseguró que este hallazgo científico es de valor para los médicos expertos en medicina deportiva, ya que presenta una mejoría en el paciente en un corto periodo de tiempo.

Aunque, la presidenta de la organización asegura que los opioides siempre van a ser parte del tratamiento, se puede integrar otras técnicas con el fin de brindarle al paciente una mejor calidad de vida.

“Por eso es importante la integración de otros tratamientos como lo son los ejercicios pueden tener un impacto significativo en los pacientes con dolor, específicamente los de la tercera edad”, aseguró la Dra. Rodríguez

Ensayos clínicos

En el primer ensayo clínico aleatorio para hacer una comparación entre los opiáceos y otros tipos de analgésicos, los pacientes que tomaron opioides no tuvieron mejores resultados a largo plazo que los pacientes que utilizaron alternativas más seguras.

“No hubo diferencias significativas en la función relacionada con el dolor entre los 2 grupos durante 12 meses”, informaron el martes, los investigadores en el Journal of the American Medical Assn.

Según algunas medidas, las personas que usan medicamentos no opiáceos como Tylenol, ibuprofeno y lidocaína experimentaron más alivio del dolor que las personas que usan medicamentos como morfina, Vicodin y oxicodona, aunque las diferencias no fueron lo suficientemente grandes como para considerarse estadísticamente significativas. Los pacientes en ambos grupos vieron mejoras similares en su calidad de vida.

Los hallazgos arrojan dudas sobre el “enfoque estándar” de la comunidad médica para el uso de opioides para controlar el dolor musculoesquelético crónico, dijeron los investigadores.

“En general, los opiáceos no demostraron ninguna ventaja sobre los medicamentos no opiáceos que podrían superar su mayor riesgo de daños”, escribió el equipo dirigido por la Dra. Erin Krebs del Centro de Investigación de Resultados de Enfermedades Crónicas del Minneapolis Veterans Affairs Health Care System.

Krebs y sus coautores dijeron que el ímpetu para su ensayo clínico fue la escalada de la crisis de opiáceos, que ahora reclama unas 115 vidas estadounidenses cada día, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El número de muertes por sobredosis relacionadas con medicamentos recetados como la oxicodona y la hidrocodona se ha incrementado en un factor de cuatro desde 1999, según los CDC.

El ensayo – Estrategias para prescribir analgésicos y su eficacia comparativa, o SPACE, fue hecho con pacientes que fueron tratados por el VA de Minneapolis. Todos los pacientes tenían dolor en la espalda, caderas o rodillas durante al menos seis meses, y ese dolor era lo suficientemente fuerte como para interferir con sus actividades diarias y el disfrute de la vida.

Un total de 240 pacientes fueron asignados aleatoriamente al grupo opioide o no opioide. Aproximadamente dos tercios de ellos tenían dolor de espalda y el resto tenía dolor de osteoartritis en las rodillas y las caderas. La edad promedio de estos pacientes fue de 58; 87% eran hombres y 86% eran blancos.

Todos los pacientes comenzaron con niveles más bajos de medicamentos para el dolor y fueron capaces de “intensificar” su tratamiento según fuera necesario. Los medicamentos de primera línea para el grupo de opiáceos incluyeronn morfina y oxicodona; los pacientes en el grupo no opioide comenzaron con paracetamol y AINE, un grupo que incluye aspirina e ibuprofeno.

Después de un año de tratamiento del dolor, los investigadores no vieron evidencia de que los opiáceos fueran mejores que los otros medicamentos.

Utilizando una escala que calificó la gravedad del dolor de 0 a 10, los pacientes en el grupo de opioides informaron una puntuación promedio de 4,0 y los pacientes en el grupo no opioide tuvieron una calificación promedio de 3,5. En el transcurso de un año, el 41% de los que tomaron opioides experimentaron al menos un 30% de mejoría en la gravedad del dolor, al igual que el 54% de los que no tomaron opiáceos.

Las medidas de cómo el dolor interfiere con cosas como el trabajo, el sueño, el estado de ánimo y el disfrute general de la vida fueron casi idénticas en ambos grupos. En una escala de 0 a 10, el puntaje promedio fue de 3.4 para aquellos con opiáceos y de 3.3 para aquellos que no lo hicieron. Después de 12 meses, el 59% de aquellos en el grupo de opiáceos y el 61% de aquellos en el grupo no opioide informaron una mejora de al menos 30%.

Otras medidas de la calidad de vida relacionada con la salud, como fatiga general, dolores de cabeza, síntomas de depresión y función sexual, no fueron significativamente diferentes entre los dos grupos de pacientes. La única excepción fue la ansiedad, que mejoró más para los que toman opioides.

Los pacientes en el grupo de opioides tuvieron significativamente más problemas con los síntomas relacionados con la medicación. Sin embargo, las hospitalizaciones y las visitas a la sala de emergencias para tratar los medicamentos para el dolor fueron similares en ambos grupos, al igual que las tasas de uso indebido de drogas.

Los autores del estudio advirtieron que estos resultados podrían no aplicarse a los pacientes con dolor en general.

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