Lesiones cerebrales traumáticas, un reto para los países en desarrollo

Por: Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Toda contusión en la cabeza puede causar una lesión cerebral traumática (TBI por sus siglas en inglés). Ésta es una de las principales causas de mortalidad en adultos jóvenes y una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los traumatismos cerebrales son una epidemia desatendida en los países en desarrollo. Ocasionan más de cinco millones de muertes al año, una cifra aproximadamente igual a las ocasionadas por el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis combinados. Asimismo, en los países de altos ingresos, la causa más común de lesión cerebral traumática son las caídas, mientras que en los países de ingresos bajos y medianos, la causa más común es debido a incidentes de tránsito.

Igualmente, más del 90% de las muertes por traumatismo se producen en países con ingresos bajos y medios, en los que no suelen aplicarse medidas de prevención y cuyos sistemas de salud están menos preparados para afrontar el reto. Como tales, los traumatismos contribuyen claramente al círculo vicioso de la pobreza y producen consecuencias económicas y sociales que afectan a las comunidades.

Existen dos tipos de lesión cerebral traumática, la primera, las penetrantes, donde un cuerpo extraño entra al cerebro y causa daños a regiones específicas

del mismo; y la segunda, las cerradas, que son resultado de un golpe en la cabeza. Estas lesiones pueden causar dos tipos de daños cerebrales: la lesión cerebral primaria, que es derivada del daño total recibido al momento del impacto (incluye fracturas craneales, contusiones, hematomas, laceraciones, entre otras) y la lesión cerebral secundaria, que es el daño que se acumula lentamente después del trauma (conlleva inflamación del cerebro, epilepsia, cambios cardíacos, anemia, entre otros.)

En la actualidad, los sistemas de atención para las personas con TBI varían mucho, ya que existen desconexiones en la cadena de atención. Es escasa la evidencia sólida para respaldar las pautas y recomendaciones de tratamiento, y las estrategias de tratamiento actuales no se enfocan en las necesidades de cada uno de los pacientes, sino en un enfoque único para todos. Además, falta un control epidemiológico preciso y una sólida recopilación de datos sobre salud y economía, esenciales para los programas de prevención y la política de atención de la salud.

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