La Medicina en los tiempos de España

La salud de los pueblos en general está en manos de sus respectivos gobiernos, aún en los países capitalistas.  En Puerto Rico, desde la época colonial española, el gobierno se encargó de crear hospitales para la comunidad en distintos lugares de la isla. En esos hospitales se atendía a los españoles y eventualmente a los puertorriqueños descendientes de los colonizadores.  En el 1814 se estableció la Junta Superior de Salud. Varios años más tarde, para el 1820,  se crearon las Juntas Locales o Municipales de Sanidad. Estas estaban constituidas por:

  1. El Alcalde
  2. El Cura Párroco
  3. El Médico
  4. El Farmacéutico
  5. El Juez
  6. Dos ciudadanos honorables.

Estas Juntas Locales trabajaban en coordinación con la Junta Superior de Sanidad. Los asuntos tratados eran la vacunación en contra de la viruela, el control de la malaria, la aplicación de cuarentena a los barcos que llegaban a los puertos del país, y otros problemas de salud pública.  El primer Reglamento de Sanidad fue aprobado en el 1841. Decretos subsiguientes ordenaban a los municipios a contratar médicos para proveer servicios a los pobres.  

El gobierno de Puerto Rico, bajo los españoles y posteriormente,  tenía un sistema destinado a prestar servicios de salud a los necesitados desde hace más de 200 años–un sistema más antiguo que la misma República de Estados Unidos.

Los españoles construyeron varios hospitales–el Hospital de la Concepción en San Germán en el 1514,  el Hospital San Alfonso en San Juan en el 1520, el Hospital de la Infantería del Presidio Militar en San Juan en el 1766.  Entre el 1774 y el 1782 la  iglesia  construyó el Hospital de la Concepción, el Grande.  Este hospital se convirtió luego en el Hospital Militar.  La población civil tuvo que conformarse con el Hospital de la Concepción, el Pequeño.  En el 1883 se fundó un leprocomio en la Isla de Cabras.

En el Siglo XIX se fundan los hospitales–San Antonio, en  Mayagüez en el 1860; el  11 de diciembre de 1875 se inauguró el Hospital Tricoche en Ponce, en el 1929 abrió el Hospital de Distrito de Ponce;  el 1 de mayo de 1909 comenzó a funcionar el Hospital de la Capital, en la Avenida de Diego en Santurce; el Auxilio Mutuo, se estableció en San Juan el 23 de septiembre de 1883.  El Hospital Santo Asilo de Damas de Ponce comenzó a operar el 25 de marzo de 1886,  el Hospital Presbiteriano se inauguró  en San Juan en el 1904 y la  Clínica Oncológica comenzó en la calle Del Parque en Santurce en la década del 1950, y en el 1962 se trasladó al Centro Médico de Puerto Rico.  El doctor José Enrique Dumont Duchesne estableció un Hospitalillo de Caridad en Lares en el 1872, el cual contaba con diez camas.

Antes de

la invasión norteamericana del 25 de julio de 1898, los servicios Médicos estaban a cargo de los médicos en los municipios.  Es de suponer que hubo un gran número de médicos totalmente dedicados a esa tarea.  Uno de ellos fue el Dr. Esteban López Jiménez, quien trabajó como médico primario en Fajardo, Puerto Rico.  Sus crónicas sobre la cirugía y la medicina que se practicaba en Puerto Rico años antes e inmediatamente después de la invasión norteamericana fueron recogidas por sus familiares, Luce y Mercedes López-Baralt, y publicadas en el 1998 con el título “Crónicas del ’98, el testimonio de un médico puertorriqueño”.

Los problemas médicos de esa época eran muy parecidos a los que vivimos al presente en Puerto Rico.  Había escasez de médicos lo que imponía una carga de trabajo excesiva a los que ejercían su práctica, la remuneración era baja, no había especialistas, no existían antibióticos. Además de proveer los servicios médicos en el pueblo asignado, tenían que realizar las autopsias a los pacientes que morían incluso en los pueblos aledaños y acudir a los tribunales a testificar durante los juicios.  Por lo bajo o falta de pago por los servicios que brindaban esos médicos primarios, el doctor López Jiménez acuñó la frase,  “es muy razonable que viva del altar, el que al altar sirve”. Se quejaba de que la clase médica era refractaria a la cohesión. Tras la invasión norteamericana, propuso que “la nueva nacionalidad venga en apoyo de un gremio médico”.  Esa visión tuvo que esperar hasta el 1995 cuando se creó el Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico.

Con relación a la atención del médico a su paciente, decía el doctor López Jiménez: “es conveniente que el médico tenga un gran dominio de sí mismo, evitando transmitirle emociones al enfermo que vayan a afectar su estado de ánimo.  Mientras mayor sea el peligro, más indiferente deberá aparecer el médico”.  Esa es la actitud de control de la situación y de  optimismo que asumen los cirujanos al presente.  En ocasiones se puede interpretar como arrogancia de parte del cirujano. En realidad el médico, y más aún el cirujano, tienen que mantener cierta distancia con el enfermo que confronta situaciones de vida o muerte, pero siempre proyectando optimismo de que se va sobreponer a la enfermedad.

Comentarios

X