La lesión que afecta al mejor prospecto de la NBA ¿Mental o física?

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Markelle Fultz fue considerado el número uno del draft de la NBA, cuando era el jugador estrella del Philadelphia 76ers. Para entonces, Fultz contaba con 19 años de edad y se aseguraba una carrera promisoria en el baloncesto gracias a su poderoso lanzamiento. Sin embargo, una lesión en el hombro que padeció mientras se aseguraba un lugar en los mejores equipos de la liga, cambiaría sus planes y obligaría a replantearse a la NBA las condiciones de su caso.

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Después de la lesión, se esperaba una recuperación sin mayores complicaciones. Fultz, sus compañeros de equipo y rivales no tardaron en darse cuenta que su hábil lanzamiento ya no podría realizarlo. Ante el hecho, en la NBA se preguntaron si el veloz declive de Fultz no se debía a su estado físico sino al padecimiento de enfermedades mentales. Un hecho que cualquier espectador consideraría obvio observando sus movimientos dentro del juego, catalogados como antinaturales.

A pesar del dolor físico y de las pésimas condiciones en las que Markelle Fultz se obligaba a jugar, resistió hasta el pasado 19 de noviembre cuando solo consiguió jugar 7 minutos de un partido de baloncesto. Desde entonces, Fultz se concentró en buscar un nuevo especialista que nombrara su extraño padecimiento: síndrome de abertura torácica. Trastorno que se hizo público en la madrugada del día miércoles a través de su agente, Raymond Brother.

El síndrome de abertura torácica es el nombre que reciben varios trastornos que suceden cuando los vasos sanguíneos o nervios que se ubican entre la clavícula y la primera costilla, se estrechan o comprimen. Las consecuencias inmediatas de quienes lo padecen son el dolor en los hombros y cuello además de entumecimiento en los dedos, en caso de ser una manifestación severa del síndrome.

Otros de los síntomas -y que se hicieron evidentes en Markelle Fultz- son el desgaste o atrofia muscular en la base del dedo pulgar, menor fuerza de agarre e incapacidad para levantar el brazo en su totalidad. Tres aspectos que hacen parte de las fortalezas mínimas que debe tener un jugador de baloncesto y que en Fultz parecían haberse esfumado.

Debe mencionarse que entre las causas asociadas a este trastorno se encuentran las lesiones relacionadas con deportes o provocadas por un accidente automovilístico, embarazo o trabajo. Pese a que los médicos no siempre encuentran la causa que desencadena el síndrome, para el caso de Markelle Fultz era un factor que sin duda debió ser considerado por los especialistas tratantes y que -quizás- habría evitado tanta especulación de la NBA frente a la situación del jugador. Sobre todo, los comentarios que afirmaban su traspaso a un equipo de menor categoría.

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Al recibir el diagnóstico, su agente mencionó que “La gente decía que era un problema mental y no lo es. No puede ser que seas el número uno y, de repente, no puedas ni levantar los brazos para lanzar… Algo está mal físicamente. Ahora tenemos la respuesta a ese problema“, una oportunidad que aprovechó para criticar a quienes habían asociado el mal rendimiento de Fultz tras sufrir la lesión.

Con un nuevo diagnóstico en mano, simplemente resta esperar la recuperación del jugador. La franquicia de la que hace parte le ha dado una baja indefinida para que se reestablezca totalmente. Una acción que para Markelle Fultz servirá -de momento- para que la NBA se pregunte acerca de la prioridad en sus políticas de atención de la salud física de sus jugadores.

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