Tres décadas combatiendo bacterias y las ETS en los puertorriqueños

Infectóloga Ángeles Rodríguez

Agencia Latina de Noticias Medicina y Salud Pública

La carrera de la infectóloga Ángeles Rodríguez se ha caracterizado por enfrentar la enfermedad de la marginación del VIH en la isla.

Una carrera que ha rebasado a los agentes infecciosos que han amenazado a la salud pública de la isla y una pasión que la ha convertido en una salubrista preparada para enfrentar la enfermedad de la marginación y la discriminación contra pacientes con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Así ha sido trazada la carrera de la infectóloga Ángeles Rodríguez, que no solo se ha destacado como infectóloga en Puerto Rico en contra el VIH desde que era un agente infeccioso que cobraba la vida de miles de puertorriqueños, sino que como epidemióloga ha defendido a un sinnúmero de personas marginadas por la sociedad ante la discriminación del estado o del propio sistema de salud.

Su relato y su caminar por la vida han sido los mejores testigos. La especialista llegó a Puerto Rico desde la ciudad de Nueva York donde se entrenó en Enfermedades Infecciosas.

 
 
 
 
 

Su carrera hace 30 años la ha ejecutado desde el Centro Latinoamericano de Transmisión Sexual (CLETS) en San Juan, laborando con pacientes de VIH y Hepatitis C. También ha estado a cargo del programa de Control de Infecciones en el Hospital del Maestro.

Su trascendencia clínica dentro de su práctica la llevó a convertirse en epidemióloga del Estado en el Departamento de Salud entre el 2000 al 2003. También fue parte del Programa de Bioseguridad del propio departamento, aunque ejecutó otras funciones.

El ser infectóloga lo catalogó como un “accidente”, pues su inclinación era convertirse en nefróloga, según confesó a la Revista de Medicina y Salud Pública (MSP).

“Durante mi residencia en los Estados Unidos, el director me habia indicado que no tenía una posición de infectología y me aseguró que para el próximo año me daba la plaza en nefrología. Comencé en infectología y resulta que era el lugar donde tenía que estar”,

rememoró la especialista.

“No solamente me encantó, sino que entiendo que el que me pague por hacerlo es un bono. Para ser infectología hay que saber de todo. Es un campo bien dinámico”,

añadió quien complementa su bata blanca con la humildad de su personalidad.

Recordó de paso el cambio que dio su vida una vez asumió el reto de convertirse en epidemióloga del Estado en el año 2000, desde donde enfrentó la amenaza bioterrorista a raíz de los atentados del 11 de septiembre.

“Recuerdo el 11 de septiembre, cuando enfrentamos las cartas amenazando con que era virus Antrax”,

comentó.

“Se recibieron amenazas hasta en el Capitolio y todo el mundo encontraba los polvos blancos y todo el mundo quería que fuera personalmente la epidemióloga del Estado a corroborar la situación”, rememoró la especialista, quien se regresó a Puerto Rico al decidir que sus hijos se criarían en tierra boricua.

Narró de otra parte lo duro de algunos momentos donde tuvo que luchar contra el discrimen de los pacientes con VIH, marginados hasta dentro de la misma sala de emergencias y a quienes en ocasiones no le administraban el tratamiento adecuado por su enfermedad.

“Tuve que armarme varias veces por el discrimen de estos pacientes. Yo traté a estos pacientes estando hasta embarazada, que para aquel tiempo no se sabía qué causaba el virus. Hasta embarazada me tuve que montar en una ambulancia a llevar a un paciente al Hospital de Bayamón porque llevaba un mes yendo, lo dejaban en sala de emergencia y lo mandaban para la casa. Finalmente murió a los siete días”, contó.

“Fueron años de mucha lucha. Eso pasaba prácticamente todos los días. No bastaba una enfermedad tan terrible y tenían que bregar con el rechazo. Fue bien triste”, reiteró, quien admitió que cuando sus hijos se enfermaban desarrollaba una alta ansiedad.

Para Rodríguez todavía existe hoy día una percepción negativa de que la persona que tiene VIH “se lo merece”, por lo que la lucha contra la estigma social aún no ha terminado, “aunque, nada mejor que hacer lo que uno ama”.

“Espero estar viva para cuando llegue la cura (del VIH). Dios me puso donde necesitaba”, concluyó.

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