En el doctor Luis Molinary se conjugan la pasión por el corazón y por el deporte

Doctor Luis Molinary, expresidente de la Sociedad Puertorriqueña de Cardiología.

Pensar en una persona dedicada a la Medicina, generalmente es tener en consideración muchas horas de trabajo arduo, en hospitales y muchas veces en su oficina, en guardias en las salas de emergencia, lo que escasamente deja tiempo para el descanso, la familia, y menos aún para algún pasatiempo. El doctor Luis Molinary es de los pocos afortunados en poder combinar dos pasiones: su profesión y el deporte.

“Yo vivo enamorado de mi carrera.  Me ha dado la oportunidad de ayudar a muchas personas y me ha permitido representar a mi País en otras partes del mundo, experiencia que también vivo con el baloncesto.  Eso está brutal”, dijo el especialista a la Revista Medicina y Salud Pública (MSP).

Dedicado a la salud del corazón

La medicina es la carrera que siempre soñó ejercer. Lo atrae ese aspecto solidario con los pacientes y sus familias; la alegría del progreso y su tristeza en las derrotas. No duda en admitir que, si bien siente la alegría de un paciente que se recupera y de su familia, pese a la coraza que como médico ha desarrollado, también ha llorado con familiares de pacientes cuyo corazón en algún momento del tratamiento ha dejado de latir.

“Si volviera a nacer, yo sería cardiólogo otra vez. Estoy más que satisfecho por lo que hago y por mis compañeros, porque la cardiología es una ciencia que yo no puedo practicar solo. La Medicina es contínua y requiere la cooperación de los profesionales del campo.  Somos un equipo”, indicó con su humildad característica.

Y apuntó a la prevención como la mejor medicina. “El infarto era y sigue siendo un reto en Puerto Rico. No existe la prevención. Hay condiciones que se pueden prevenir a tiempo y se debe diagnosticar temprano”, formuló.

“Nos hemos convertido en una sociedad de medicina donde al paciente le vamos a resolver un evento agudo, el infarto, el fallo cardíaco, donde el mejor método es la prevención. Mientras no nos llegue el paciente a nosotros, ya sea por falta de referido, seguiremos solo resolviendo eventos que se podrían evitar”, apuntó. 

Otra barrera que destacó Molinary es la falta de especialistas en cardiología en la Isla, como lo son los cardiólogos generales, y la administración de medicamentos genéricos que no beneficia al paciente.

Originalmente, el cardiólogo estuvo inclinado hacia la pediatría cuando inició sus estudios en Medicina. Sin embargo, una situación de salud con su padre, Luis Molinary Cintrón, lo llevó a buscar información acerca del corazón y así encontró su verdadero propósito en la vida.

“Yo quería ser pediatra. Pero mientras estaba en mi tercer año de Medicina, mi papá se enfermó del corazón y yo estaba haciendo la rotación por medicina interna. Empecé a buscar información de la condición de mi papá, y tú te preocupas como médico. Entonces, lo que quieres es aprender de una condición de alguien que tú quieres, el viejo de uno, que es una de las cosas que uno más quiere en esta vida”.

Expresidente de varias organizaciones médicas, como la Sociedad Puertorriqueña de Cardiología, la Sociedad Centroamericana y del Caribe de Cardiología, y Vice Presidente de la Sociedad Interamericana de Cardiología, Molinary además, pertenece a la Junta de Directores del Centro Cardiovascular y es profesor ad honorem en la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (RCM). De todos esos cargos, el único beneficio que devenga es la satisfacción de aportar a la salud pública. Su ingreso proviene de su ofician privada.

“Me considero un gran trabajador de la medicina, me apasiona lo que hago y me entrego en cuerpo y alma a mis pacientes.  Mi compromiso es más que un servicio. Mi mayor declaración es ese ‘gracias doctor’, esa palmadita en la espalda, y cuando veo que las cosas están saliendo bien”.

El galeno fue homenajeado por sus colegas cardiólogos en el XXII Congreso Puertorriqueño de Cardiólogos, en el 2016, en el que se reconoció su labor profesional y su pasión por la profesión.

El baloncesto: una pasión heredada

Le puede interesar:   Nuevos análisis de sangre para diagnóstico de coronavirus

Si una actividad comparten los Molinary, padre e hijo, desde siempre, es el baloncesto. Cuando niño, disfrutaba los juegos de la Selección Nacional junto a su progenitor.

Le puede interesar:   Desordenes metabólicos generarían graves complicaciones ante el COVID-19

“Mi padre era periodista deportivo y cuando chiquito yo iba con él a los juegos. Me sentaba a ver los juegos con él, y cuando era un juego de Puerto Rico, me acuerdo que aquel señor, mi papá, se transformaba. Solamente de que el equipo entrara a la cancha, él estaba llorando, antes de empezar el juego. Esa era la reacción de él al ver el Equipo Nacional de Puerto Rico entrar a la cancha. Pero, ¿qué me iba a pasar a mí por la mente que yo iba a ser el médico del Equipo Nacional?!”, manifestó.

Empezó como médico con los Cangrejeros de Santurce. Posteriormente, fue invitado a formar parte de la batería de médicos de la Selección Nacional, la cual dirige. Muchas lunas han pasado y Molinary sigue tan dedicado y entusiasmado como el primer día, cuando se inició en el Torneo Premundial de la FIBA Américas en Neuquén, Argentina, en 2001.

“Escuchar la Borinqueña fuera de Puerto Rico no tiene explicación.  Es un sentimiento inmenso. Y mirar un poquito hacia abajo y ver la bandera en un extremo de tu camiseta es algo increíble”, expresó con emoción.

Jugó baloncesto y béisbol en la escuela superior. En su etapa universitaria, su intención era formar parte de los equipos universitarios, pero las exigencias académicas como estudiante que quiere seguir una carrera de Medicina eran muchas, por lo que no tenía el tiempo suficiente para entrenar. Sin embargo, la vida le dio la oportunidad de combinar ambas pasiones.

Comentarios

X