El médico puertorriqueño que diagnosticó al primer paciente de sida en Puerto Rico

El médico puertorriqueño que diagnosticó al primer paciente de sida en PR Dr. Javier O. Morales Ramírez

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Las aportaciones que ha brindado a la medicina desde su preparación en el área de la infectología han sido trascendentales para la comunidad científica.

El doctor Javier O. Morales Ramírez es una de las grandes mentes puestas en favor de la erradicación del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y es también la personalidad médica a quien dedicamos esta edición del décimo aniversario de la Revista Puertorriqueña de Medicina y Salud Pública (MSP).

Pionero en la investigación de la condición que rápidamente se convirtió en una epidemia mundial, Morales-Ramírez hizo frente a la enfermedad, mientras otros profesionales le daban la espalda sin profundizar en su naturaleza o, simplemente, sin atender a los pacientes que la padecían.

El hermano menor del cineasta Jacobo Morales, a quien en tono de broma muy seria lo considera “mi padre, porque me lleva 15 años”, dirige Clinical Research Puerto Rico, un laboratorio fundado en 1991 dedicado a conducir ensayos clínicos en beneficio del paciente con VIH.

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Desde allí atiende personas a las que, sin importar sus recursos económicos, las orienta. “Mi personal, todos con certificaciones en VIH, sabe que a nadie se le niega una orientación. Yo hablo con mis pacientes para que compren tiempo, para que vivan”, reitera.

En esa tarea le ayuda un batallón de profesionales con estudios en diferentes especialidades, como medicina cardiovascular, inmunología, gastroenterología, reumatología, radiología, oftalmología, neurología, endocrinología, nefrología, urología, medicina interna, oncología y hematología.

De igual manera, preside Best Option Healthcare, compañía dedicada al cuidado médico en el hogar con servicios de medicamentos intravenosos, cuidado de úlceras y lesiones, terapias y servicio de farmacia.

Trasfondo del doctor Javier O. Morales Ramírez

¿Cómo se interesó por la medicina?

Soy la oveja negra de mi familia, porque todos son artistas menos yo. Cuando nací, mis papás vivían en el Viejo San Juan, en la calle San Justo, esquina Luna. Ahí vivía el doctor Rafael Timothet. Era una persona de raza negra, con una voz bien ronca, y me llamaba la atención lo culto que era. Siempre me veía a lo último y mi papá hablaba de todo con él. Era un sabio. Entonces, yo, el nene rubio de ojos azules, quería ser como el hombre negro, cuando antes en nuestra cultura era al revés. Ese fue el estímulo más grande que tuve. Incluso él me regalo –yo adolescente– unos libros muy valiosos de medicina. Nunca pude comentarle mi admiración, porque falleció de cáncer, él fumaba mucho.

¿Cómo fue su formación?

Estudié en el Colegio Espíritu Santo y luego pasé a la Universidad de Puerto Rico, donde comienza la competencia de notas para entrar a la Escuela de Medicina. Eso fue en 1970 y pertenecí a la última clase que estudió en el Viejo San Juan. Era un edificio precioso, afortunadamente sigue en pie. Decidí estudiar medicina interna porque era un campo muy amplio y me daba conocimiento a muchas cosas. Al final me decido por infectología, porque tocaba la cirugía, pediatría, ginecología, medicina interna y todas las especialidades.

Cuando usted estudiaba había muy pocos infectólogos, ¿eso ha cambiado?

Ahora hay un superávit de infectólogos, pero los entrenan diferente a cuando yo estudiaba; no hacen oficina, tal vez solo el 10%, todos quieren hacer consulta, no les gusta trabajar con el VIH, ni con la hepatitis C. Ahora, vas a Estados Unidos o a Europa y ves al doctor que acude a consultas, pero también tienen una práctica limitada ambulatoria. Yo hice lo contrario, no he ido a un hospital a hacer una consulta hace 20 años. Viví un mundo más amplio e intelectualmente interesante. Ellos se perdieron la evolución del paciente de VIH y el proceso científico.

En el Hospital de Veteranos ocurrió uno de sus grandes hallazgos…

Hice la subespecialidad en el Hospital de Veteranos. Cuando era interno, en 1975, llegó un caso un muchaho joven, en sus veintipico de años, peluquero, homosexual. Llegó con un desgaste físico extremo y diarrea. Le llevamos una placa al doctor Guzmán  Acosta y la miró, era típica de una pulmonía. Nos dijo que buscáramos un linfoma, leucemia, una malignidad, porque era bien atípico. Al día de hoy pudiéramos decir que murió de VIH, pero no lo pudimos probar. Luego, en 1978, también en el Hospital de Veteranos yo estaba entrenando, y llegó este paciente que tenía nódulos linfáticos, diarrea, hongo en la garganta. Estuvo en el hospital dos meses y murió. Pero de él sí guardamos suero. Él era heterosexual, trabajó en África un tiempo, lo que era el único factor de riesgo que encontramos en retrospecto. Para el año 1986-87 hago una llamada y pregunto si el suero todavía estaba guardado y efectivamente, cuando le hicimos la prueba de VIH salió positiva. Fue el primer caso probado en Puerto Rico.

¿Qué pasó luego de eso?

Ya para 1980 me comienzan a llegar unos pacientes raros, que perdían peso, con tumores, sarcoma. Surge el runrún (rumor) del gay cáncer y se hace un congreso en Nueva York y se habla del sarcoma de Kaposi y pérdida de peso en pacientes homosexuales. Luego comienzan a aparecer los mismos síntomas en los heterosexuales y quienes recibían transfusiones. Ronald Regan era el presidente de Estados Unidos en ese momento e hizo las primeras manifestaciones luego de confirmarse 15 mil casos y cuando la enfermedad comenzó a aparecer en la población heterosexual y personas importantes (figuras públicas). A los gays los habían relegado.

Todavía la prueba de detección no estaba tan accesible, ¿cómo se trabajó?

Nadie en Puerto Rico quería atender estos pacientes. Sólo se sabía que se transmitía a través del sexo y la sangre, como la hepatitis B. Los hospitales les cerraban las puertas. El doctor Donald  Francis, del CDC, a quien conocí, dice que hay que hacerle pruebas de hepatitis B a toda las pintas recolectadas en hospitales y bancos de sangre, pero esto no progresó por la pérdida de dinero. Mucha gente se contagió. Se tardó dos años en implantar la prevención.

Los estudios con AZT fueron transcendentales…

Fueron años muy traumáticos, porque cuando se diagnosticaba al paciente no había nada que hacer. En 1986 comienzan las pruebas con AZT. Yo participé en los estudios de todas las drogas que se aprobaron. Gracias al VIH, el conocimiento del sistema inmune ha tenido los avances que no tienes idea, se ha beneficiado el cáncer, probablemente el Alzheimer, el Parkinson, la enfermedad de Lou Gehrig (ALS, por sus siglas en inglés). Nosotros tenemos unos junk genes y se cree que todas las infecciones que una persona ha tenido en su vida se guarda en el material genético y se le transmite a los hijos. Se ha visto una activación de un retrovirus en todos los pacientes que tienen ALS. Ahora está por comenzar un estudio para utilizar los medicamentos de retrovirus.

¿Qué tan cerca están de vencer al VIH?

Creo que al VIH no lo conocemos completamente; lo estamos cercando, evitamos que el virus madure. Estamos en el comienzo de la erradicación del virus, ya se ve que no es imposible vencerlo, pero va a tomar tiempo. Quiero estar aquí hasta que el mal sea erradicado. Lo importante es que el futuro de un paciente positivo es mucho más esperanzador. Ahora si el paciente se toma la medicina dura la vida entera.

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