El médico de la Selección Nacional de Baloncesto

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

El doctor Luis Molinary es reconocido por los fanáticos de la selección nacional de baloncesto, la más querida en Puerto Rico y por cientos de pacientes que le agradecen sus cuidados como cardiólogo.

El mismo Molinary no puede decir si lo reconocen más como el médico del Equipo Nacional de baloncesto o como el médico que ha encabezado las principales organizaciones de cardiología en Puerto Rico y Latinoamérica.

Este puesto con el equipo patrio lo ha ocupado desde el torneo Premundial de FIBA Américas celebrado en Neuquén, Argentina, en 2001.
Por otro lado, lleva más de dos décadas practicando la cardiología y se ha establecido como uno de los cardiólogos más importantes en la Isla siendo influencia para uno de sus hijos que también ha seguido sus pasos en la medicina.

“ Como cardiólogo he sido presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Cardiología y de la Sociedad Centroamericana y del Caribe de Cardiología, vicepresidente de la Sociedad Interamericana… También he sido parte de la Junta de Directores del Centro Cardiovascular, lo que es un honor. También profesor ad honórem en la Escuela de Medicina”, explicó sobre las funciones que ha realizado en el curso de acción de su vida profesional.

Y es que la pasión del galeno por el deporte comenzó prácticamente desde la cuna al jugar desde pequeño baloncesto y béisbol en la escuela superior hasta que las exigencias académicas eran muchas como para pasar tiempo entrenando y estudiando para la carrera de medicina.

Aunque en ese momento decidió que ser médico era más importante, su relación con el baloncesto se convirtió en un sueño logrado cuando se unió al Equipo Nacional en 2001.

Sobre su primera experiencia oficial, tiene varias anécdotas, al igual que de cada uno de los viajes. De esa primera experiencia, recuerda –y asegura que mucha gente lo recuerda también– que en el partido contra Brasil para pasar a la final contra Argentina se molestó con unas jugadas pitadas por el árbitro que le costaron el juego al quinteto patrio.

“Me acuerdo como ahora que el dirigente de Brasil fue y le dio la mano, al frente mío, al que cantó las dos jugadas… Yo estaba tan molesto con las jugadas de tres segundos y el running, que perdimos el juego, que brinqué la verja y empecé a discutir con el árbitro”, cuenta entre risas, pero asegura que con el tiempo no ha pasado por algo similar, que ha aprendido a controlarse y a controlar a los jugadores en el banco.

Ahora, sabe que el fanático no puede dominar al médico y miembro del equipo.

Desde entonces, Molinary es parte de la Selección y goza sus victorias y sufre sus derrotas como los propios jugadores y como los fanáticos más acérrimos.

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