El hombre que vive para dar vida y reparar al corazón

Conozca al hombre que inventó el marcapasos y cambió la historia Ing. Jorge Reynolds Pombo, director del Centro de Investigación de la Fundación Clínica Shaio y creador del marcapasos

Susana Rico Barrera
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

«El corazón es un órgano absolutamente vital. Es el cuál nos proporciona la manera de llevar sangre a los tejidos, regenerar órganos y demás pero el cerebro es el que nos hace humanos y el cual es, hasta ahora, imposible de reemplazar. Es el creador de la robótica… pero la robótica no funcionaría sino es con el cerebro del hombre. Así es que el hombre sigue siendo el que crea, el que verdaderamente pone a funcionar todos estos elementos que hacen rutinas…pero el centro es el cerebro del hombre»,  menciona el Dr. Jorge Reynolds cuando se le pide comparar al corazón con una máquina.

El Dr. Reynolds es un ingeniero electrónico -a primera vista- más médico que ingeniero, a pesar de que nunca haya cursado estudios profesionales en las ciencias de la salud. Quizás, no sería descabellado pensar en él como un médico autodidacta, pues su interés en el corazón le permitió ser el creador del primer marcapasos funcional. Un logro que enorgullece a Colombia y Latinoamérica.

Fundación Shaio, Jorge Reynolds 1964. Fotos cortesía Doctor Reynols

Nacido en Bogotá, la capital del país suramericano, el 22 de junio de 1936, siendo hijo de padre inglés y madre colombiana, decide cursar estudios de ingeniería electrónica en Trinity College de Cambridge (Inglaterra), como estudiante becado, siendo parte de la primera promoción de una carrera que -en ese entonces- prometía acercar a la humanidad a la vida del futuro: rodeada de máquinas y proceso técnicos que le facilitaran al ser humano su permanencia en el mundo. Para entonces, la medicina y la tecnología resultaban saberes incompatibles y lejanos uno de otro, tanto como fuera posible.

Al obtener su grado, Reynolds decide regresar a Colombia, un país convencido de que su saber solamente sería útil al momento de reparar electrodomésticos. Sin embargo, con la ayuda de algunos amigos comenzó a trabajar en la Universidad Nacional de Colombia, reparando equipos médicos. Más adelante, en 1958, junto a los Dres. Jorge Ulloa A. y Jorge Hernán Ulloa comenzó los proyectos iniciales del marcapasos, un instrumento cuyo fin inicial era prevenir o evitar la trombosis. Gracias a estos médicos, el Dr. Reynolds pudo implantar el primer marcapasos con electrodos externos, con un peso de más de 30 kilos y conectado a una batería de automóvil, en un paciente que ya no tenía ninguna posibilidad de vivir. Desde entonces se han salvado 80 millones de vidas en todo el mundo.

Caseta donde se fabricó el primer marcapasos, Fundación Shaio 1958. Fotos cortesía Doctor Reynols

Además de dedicarse a la investigación, no solo en medicina sino también en biología marina, el Dr. Reynolds, quien hasta la fecha suma más de 15 doctorados Honoris causa por sus invaluables aportes a la medicina, es reconocido por ser parte del equipo de fundadores de la Fundación Clínica Shaio, un centro dedicado a estudios intensivos sobre el funcionamiento del corazón, el mejoramiento de los marcapasos existentes y aplicados hasta el día de hoy e incluso, al desarrollo de nuevas técnicas que permitan a pacientes de cualquier estrato socioeconómico, acceder a los servicios que la Clínica Shaio brinda actualmente.

Pero, más allá de sus logros profesionales y de su interés en aportar su conocimiento a las ciencias de la salud, el Dr. Jorge Reynolds es un hombre que le apuesta al humanismo. Para él, este investigador apasionado por la música, los idiomas y las culturas, todos estos elementos nos integran como seres humanos. Además, se manifiesta preocupado por las condiciones de salubridad de las personas que hacen uso de su dispositivo en países menos desarrollados, la falta de apoyo a la investigación clínica y la ‘fuga de cerebros brillantes’ en las que confía los días venideros y los aportes que la tecnología continuará dejando a este mundo.

Primer paciente de marcapasos, 1958. Fotos cortesía Doctor Reynols

Por ello, prefiere que los laboratorios y las ideas sean aportadas por el joven equipo multidisciplinar que le acompañan en sus gestas investigativas porque el futuro ya no está en sus manos, una afirmación que realiza con el total convencimiento y sin el menor arrepentimiento.

Hoy ya no cruza los mares para descubrir los secretos que guardan los inmensos corazones de las ballenas, ni dedica la mayoría de su día a perfeccionar su invento, indispensable en varias ramas de la medicina. Ahora se dedica a viajar, a contar la historia de un dispositivo que transformó su vida, la ciencia y que permanecerá registrado -indudablemente- como uno de los grandes inventos del siglo XX y su nombre como el de un destacado visionario, aunque humildemente reconozca que nunca se imaginó en el impacto de un invento, que en su cabeza parecía como ‘cualquier otro’ o que tal vez su gestión terrenal lo acerque al cielo, como se lo afirmó el sacerdote al que le salvó la vida, la primera vida de millones, con su invento.

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