EE. UU alerta sobre escasez de primates para pruebas de la vacuna contra COVID-19

Las variedades de macacos en las que comúnmente realizan pruebas, especialmente el Rhesus, están muy limitadas para los laboratorios estadounidenses.

Katherine Padilla

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Con información de BBC News

La pandemia por COVID-19 ha desencadenado la carrera contra el reloj para el desarrollo de una vacuna segura y efectiva, y ahora, además del corto tiempo del que disponen los investigadores estadounidenses, se enfrentan a un nuevo reto: la escasez de primates para la investigación.

Las variedades de macacos en las que comúnmente realizan pruebas, especialmente el Rhesus, están muy limitadas para los laboratorios estadounidenses.

Los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) indicaron en un informe en octubre de 2018 que el país contaba con unos 31.500 primates no humanos (PNH), como son llamados en el ámbito de la investigación médica.

Pero diversos centros de investigación han reportado que tras la pandemia de COVID-19, el número disponible de PNH está llegando al mínimo.

“Hay numerosas empresas con nuevas vacunas o terapias potenciales que no se pueden desarrollar más debido a la falta de primates no humanos”, dice al medio BBC Mundo Jeffrey Roberts, director asociado del Centro Nacional de Investigación en Primates de California.

¿Por qué hay escasez de primates?

Por una parte, los centros de investigación médica -incluidas grandes firmas como Moderna- han incrementado la demanda considerablemente para las cruciales pruebas iniciales de efectividad de sus vacunas contra el virus SARS-CoV-2. A esto se suma que China, el principal proveedor de macacos de EE. UU., suspendió la exportación de PNH desde febrero pasado.

“El impacto de la escasez es difícil de evaluar, pero en este punto las estimaciones de los NIH son una necesidad de 450 a 500 animales adicionales por año para la investigación de COVID-19 en los EE. UU.”, dice Roberts.

Advierte, además, que la investigación de otras enfermedades ha quedado suspendida por esta escasez de primates.

¿Por qué se usa la especie Rhesus?

Si bien la investigación médica en laboratorios se realiza en 95% en roedores, como hámsteres o ratones, los primates comparten muchas características genéticas y biológicas con los seres humanos, por lo que son ideales para pruebas clave, como en el desarrollo de vacunas y de medicamentos para enfermedades crónicas sin cura.

En especial el macaco rhesus es considerada la especie más parecida a los humanos con una similitud de 90% de su ADN con el de los humanos, según el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, y por eso en el caso de la vacuna para el COVID-19 es clave.

La investigación de la vacuna de Oxford -una de las más avanzadas hasta la fecha- detectó que estos primates padecen síntomas similares por covid-19 a los vistos en casos humanos: problemas respiratorios, afectación pulmonar y altas cargas virales contagiosas en la nariz y garganta.

“El establecimiento del macaco rhesus como modelo animal (en el tratamiento) de covid-19 aumentará nuestra comprensión de la patogénesis de esta enfermedad y ayudará al desarrollo y la prueba de contramedidas médicas”, explicaba en mayo a la BBC Vincent Munster, experto del Laboratorio Rocky Mountain del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos.

Los NIH ya advertían desde octubre de 2018 la necesidad de crear una “reserva estratégica” de primates de uso clínico para un posible “brote”.

“A pesar del aumento de la demanda de macacos rhesus pronosticado por los diversos centros, parece haber poca capacidad de infraestructura de reserva dentro de los centros patrocinados por los NIH para satisfacer esta demanda en la actualidad”, alertaba el reporte.

Pero esa reserva nunca fue financiada ni alcanzó sus metas.

Las consecuencias para EE.UU. se están haciendo evidentes en la actualidad.

“En la comunidad de investigación biofarmacéutica hay numerosas empresas con nuevas vacunas o terapias potenciales que no se pueden desarrollar más debido a la falta de primates no humanos”, explica Roberts.

Considera que “esto requeriría fácilmente varios cientos de primates no humanos más” de los necesarios en este momento.

Las pruebas fase 3 en humanos voluntarios resultan seguras y eficaces, pero los investigadores anticipan que habrá una necesidad de estudios continua para evaluar los efectos a largo plazo de la infección por COVID-19 y desarrollar vacunas para niños, poblaciones de edad avanzada y evaluar la durabilidad de la inmunidad a las vacunas”, explica Roberts.

Las diferencias políticas, el sentimiento nacionalista y otras dificultades sociales han puesto en una posición difícil a la investigación en EE. UU y se espera que, con el tiempo, China decida continuar con la exportación de esta especie de primate, no solo para continuar y reforzar la investigación de la vacuna contra el COVID-19, sino también reiniciar los esfuerzos investigativos de otras patologías que afectan de gran manera la salud pública en el mundo entero.

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