Medicina que transforma vidas

Si alguien conoce bien que Dios obra por caminos misteriosos, ese es el pediatra y pastor Orlando Brinn Esparra. “Yo no me crié en el Evangelio. Conocí a Dios ya grande”, respondió al ser inquirido acerca de cómo fue el proceso y cómo se dio el llamado para ser pastor.

Establecido con su esposa en Yauco, donde ubicó su oficina tras ejercer cinco años en Guánica, matricularon a su hija mayor en el Colegio Bautista de Jácanas, donde tenían un día a la semana predeterminado para llevar los alumnos a la capilla. “Y la nena formaba tremendo berrinche. Nos llamaron. Le dije a mi esposa ‘ve tú’. Ella fue, habló con la maestra, acompañó a la nena a la capilla, y seguía igual. Lo que hicimos fue comenzar a visitar la iglesia los domingos para que ella se fuera familiarizando. Me gustó y me quedé. Nací de nuevo y he estado 25 años en el Evangelio”, relató.

El médico y su esposa, al igual que su hermana, Claudina Brinn, cantan, por lo que la pareja se inició en el ministerio de adoración en el templo, en el que se mantuvo 18 años. Con el tiempo, otros feligreses se les acercaban para pedir consejería. Todo fue encaminándose “hasta que llegó el momento en que Dios me hizo el llamado. Hace siete años que comenzamos esta obra en una marquesina. Y luego Dios fue abriendo puertas. Estábamos en un local donde teníamos que hacer dos cultos corridos. L levamos aquí casi tres años. Hasta aquí nos ha ayudado Dios”, compartió.

Brinn Esparra, también padre de dos varones de 28 y 25 años que se han dedicado a trabajos relacionados a la música, sostuvo en la entrevista realizada en su pequeña oficina ubicada en el templo, mientras niños y jóvenes ensayaban para las presentaciones especiales con motivo de la Semana Santa, que él es sólo un instrumento, un vehículo para que Dios obre. “Yo solamente soy un sembrador de la Palabra”, sostuvo con humildad.

“Predico un evangelio de gracia, no a Dios como un tirano buscando tus fallas, sino en un trono de gracia, misericordioso. La gracia no da espacio al juicio. No vemos el Evangelio como una religión, sino como una relación. El único que ha podido hacer algo por nosotros es Cristo. Nos hace que podamos tener una relación con Dios por la fe”, explicó acerca de su ministerio.

¿Su mayor satisfacción? “Ver a la gente siendo transformada, ver a una pareja que llega destruida y que comienzan a participar, que a veces viven en concubinato y ellos mismos piden que los case. Oramos y dejo que Dios haga el cambio. No le digo a nadie lo que debe hacer o no. Ver jóvenes llegar con baja autoestima por situaciones familiares, falta de cariño, que luego forman parte del ministerio de drama, que cantan”.

En la Iglesia hay un ministerio de jóvenes llamado ‘UpSide Down’, otro de preadolescentes, de adoración y el de Mujeres de Fe, dirigidos por la esposa del pastor. Una vez al mes llevan comida y pan espiritual a deambulantes, y además, ofrecen consejería.

Como todo pastor, tiene momentos de quebrantamiento, dificultades. “Hay personas que se van (de la Iglesia) de momento. Por eso nuestra mirada tiene que estar puesta en Dios”, reveló el médico, quien ha tratado de tener siempre una vida balanceada entre su hogar, su profesión y su ministerio, al frente de la Iglesia Cristiana Jehová Jireh, ubicada en Yauco, cerca del antiguo cine y del Paseo del Café.

“Saco tiempo para mi familia, porque es mi primer ministerio. Tengo que tener mi familia en orden. Aparte, tengo un equipo de trabajo excelente. El modelo bíblico es un pastor con líderes, que son un cuerpo. Delegar en personas clave. No decirles cómo hacer las cosas, sino que ellas las hagan a su manera. Si Dios llama, él capacita y nos da las estrategias para salir adelante”, detalló Brinn Esparra, quien también es editor de la Revista de Pediatría de Editorial Mundo, y forma parte de la Junta de la Asociación Médica de Pediatras de la Región Oeste, la cual presidió durante tres años.    

El médico ponceño sostuvo que “mi trabajo como pediatra, al conocer del Señor, cambió mi manera de verlo. Ya no para hacer dinero, sino para ser de bendición. No sólo a los pacientes, sino a sus padres. Detrás de la enfermedad, muchas veces hay una situación y tienen la confianza de abrirse. A veces me piden que ore por ellos. Es doble función, no sólo la parte física, sino la más importante; la espiritual, porque lo físico termina, pero nuestra parte espiritual no”.

Y concluyó que “me siento bendecido en esta vida. Inmerecedor. Dios es así. Su carácter es bendecir. Lo único que puedo hacer es vivir agradecido y hacer lo que Él me pida. No soy perfecto, pero cada día Dios me lleva a un crecimiento gradual”.

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