Consecuencias del uso incorrecto de la Hidroxicloroquina como tratamiento para el COVID-19

la Hidroxicloroquina es un fármaco inmunomodulador que ha sido usado desde hace tiempo para la prevención y tratamiento de la malaria

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De la mano con el incremento en el número de contagiados por Coronavirus o SARS-CoV-2, responsable de causar la enfermedad llamada COVID-19, son incontables los esfuerzos de parte del personal médico por encontrar alternativas de tratamiento efectivas que permitan mejorar el pronóstico de los pacientes.

No obstante, por tratarse de un tema de gran relevancia en el mundo y del cual surgen fuentes de información de todo tipo y a través de tantos medios de comunicación, se hace fundamental ser selectivos y responsables respecto al contenido que consumimos y compartimos con otros, ya que podemos generar una cadena de desinformación con graves consecuencias, como es el caso del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien el pasado 21 de Marzo aseguró en su cuenta de Twitter lo siguiente: “La HIDROXICLOROQUINA Y LA AZITROMICINA, en conjunto, tienen una oportunidad real de ser uno de los mayores  avances en la historia de la Medicina. La FDA ha movido montañas – ¡Gracias! Esperemos que AMBOS se pongan en uso INMEDIATAMENTE…”

A raíz de esta información divulgada por Trump, la FDA (Food and Drug Administration) dio a conocer un comunicado en el que señala que, este régimen de tratamiento aún se encuentra en etapa de investigación, por lo que no se autoriza ni recomienda su uso activo para la prevención de la infección por Coronavirus y mucho menos, para el tratamiento de pacientes con COVID-19.

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Además, reconocen la Hidroxicloroquina como un medicamento de sumo cuidado, por lo que hacen un llamado a evitar la automedicación, pues se han reportado casos de sobredosis en Nigeria y Estados Unidos, luego de que el mandatario lo declaró como la cura definitiva en contra de esta infección, generando falsas expectativas en la ciudadanía.

¿Se puede usar para tratar el covid-19?


No está claro. En los laboratorios ha demostrado cierta eficacia contra el coronavirus del síndrome respiratorio agudo severo responsable de la presente pandemia. Pero la coordinadora de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, la Dra. Deborah Birx, ha dicho que la eficacia en los tubos de ensayo no significa que funcionará en humanos.

Para empezar, la Hidroxicloroquina es un fármaco inmunomodulador que ha sido usado desde hace tiempo para la prevención y tratamiento de la malaria –o paludismo-, así como también en enfermedades autoinmunes como el Lupus Eritematoso Sistémico y Artritis Reumatoide en pacientes que no han tenido respuesta frente a otros tratamientos. Por otro lado, la Azitromicina es un antibiótico, es decir, un medicamento utilizado para tratar ciertas infecciones bacterianas como Bronquitis, Infecciones de transmisión sexual (STI), etc.

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Teniendo en cuenta lo anterior y los datos obtenidos por parte del Presidente de PharmPix y doctor en Farmacéutica en entrevista con el periódico El Nuevo Dia, Martty Martínez Fraticelli; tan sólo en Puerto Rico se ha presentado un incremento diario de aproximadamente 40% de prescripciones de Hidroxicloroquina y Azitromicina, según el sistema de procesamiento de recetas de PharmPix. Lo que nos lleva a asumir que también los médicos han sido partícipes de este acontecimiento a la hora de recetar los medicamentos.

Los efectos adversos de la Hidroxicloroquina incluyen dolor de cabeza, dolor de estómago, diarrea, sarpullidos en la piel, palpitaciones, afectación de la retina e incluso, la muerte por sobredosis. Además, debe ser usada con precaución en niños, mujeres embarazadas o en lactancia, pacientes con alcoholismo, disfunción hepática entre otros. Presenta también interacciones con otros medicamentos como los antipsicóticos, glucósidos cardíacos e inmunosupresores, aumentando su efecto. Por lo tanto, se requiere de un seguimiento estricto por parte del personal médico, así como también, un control por parte de los médicos que no deberían prescribir este tipo de medicamentos a pacientes que no lo necesitan, y por parte de las farmacias que deben exigir una receta para controlar la demanda y garantizar la disponibilidad del medicamento para aquellos pacientes que realmente se benefician de recibir este tratamiento y en quienes puede correr riesgo su salud en caso de no recibirlo. 

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