Conoce al biólogo y bioquímico amigo de viaje del Che Guevara

Granado (Izq) y el Che (Der) mientras cruzan el rio Amazonas durante su travesia por America. / Foto: el Clarín

Susana María Rico
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Alberto Granado es el nombre de una leyenda. Un hombre que durante su vida tuvo el privilegio de
convertirse en un hito de la medicina internacional y al que galenos -de todos los rincones del mundo- le deben parte de sus conocimientos.

En especial Cuba, la isla en la que Ernesto ‘Che’ Guevara, su entrañable amigo de infancia y juventud, desembarcó los sueños de libertad después de una travesía por América. Aquel viaje – que consagró al Che en los anales de la historia- en el que Granado, como amigo fiel, también estuvo.

Sin saberlo entonces, Granado se convertiría en el padre de la medicina latinoamericana. Nacido en Córdoba el 8 de agosto de 1922, su formación científica inició con los estudios de farmacéutica que tomó para ayudar en la botica familiar. Aunque parecía tener un futuro estable y sin contratiempos, Granado decidió dejarlo atrás para inscribirse en la universidad en Bioquímica.

Esta rama de la ciencia no solo cambió su vida. También fue la que facilitó el progreso científico en América Latina, gracias a su intervención.

Durante la travesía por el continente, Alberto Granado se transformó en un hombre diferente. Apasionado por las causas sociales, permaneció en el leprosorio Cabo Blanco en La Guaira (Venezuela) con el fin de realizar investigaciones sobre la enfermedad y acercarse, por primera vez, a la medicina. Después, en 1961, partió para siempre a Cuba.

En un período histórico de convulsión profunda, Alberto Granado -ya radicado en la isla- y otros compañeros, notaron la inmensa falta de médicos. Para un país sumergido entre heridos, la necesidad de galenos imperaba como prioridad. Así que reclutaron a jóvenes interesados en aprender la mayor ciencia de la salud y les enseñaron, gratuitamente.

Nada en Cuba, en Latinoamérica y en la medicina moderna sería lo mismo.

La medicina y la ciencia: armas para el cambio social

Alberto Granado, como muchos de los hombres de su época, sabía que la transformación de la sociedad necesitaba de acciones concretas. Por eso, luego de haber practicado la medicina en Europa y de impartir clases de bioquímica científica y genética en la Facultad de Medicina de La Habana, no vaciló cuando le propusieron hacer parte del comité fundador de una escuela de medicina fuera de la capital cubana.

Santiago de Cuba fue el lugar elegido para crear la Escuela de Medicina en 1962. Los resultados obtenidos por Granado -como docente de bioquímica y fisiología- y sus colegas, permitieron la creación de la Escuela de Estomatología en 1963. Su labor culminó en 1967, año en que se trasladó definitivamente a La Habana para continuar con su loable labor como maestro y científico.

La fascinación y trabajo en pro de la medicina de Alberto Granado fue reconocido en numerosas oportunidades, un buen número de veces lejos de la frontera americana. Sin embargo, de todas sus condecoraciones y diplomas, la más meritoria es el que lo acreditó como ‘Profesor de mérito’ entregado por el Instituto Superior de Ciencias Médicas en el año 2010, con motivo del aniversario de sus 40 años de fundación.

Hoy en día, los recintos dedicados a la investigación que ayudó a fundar, hacen parte de la actual Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba. La institución es reconocida por la invaluable formación profesional que reciben más de 20.000 estudiantes en sus facultades especializadas en diferentes ramas de la medicina y otras ciencias de la salud.

En Cuba y Latinoamérica, el número de estudiantes comprometidos con la medicina aumenta cada año. Por las venas de cada nuevo profesional corren los retos, descubrimientos y el asombro que Alberto Granado, el científico viajero se encargó de dar a conocer en clases rebosantes de experiencias, hallazgos y también, dudas con miras hacia el futuro.

Un futuro prometedor en el que su nombre y sus conocimientos serán más que un legado. Su invaluable trabajo continuará abriendo puertas a los científicos que -al igual que Granado- buscan sanar al mundo de sí mismo.

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