Compuesto de origen natural revierte el daño en células cerebrales afectadas por el párkinson

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

Aunque la medicina tradicional se ha mostrado reticente frente a los compuestos de origen natural, los resultados de una investigación destacan que podrían ser una posibilidad real para tratar eficazmente el párkinson. Los detalles de este novedoso estudio se publicaron simultáneamente en las revista Brain y en The Journal of Parkinson Disease.

La reciente y pionera investigación tenía como objetivo demostrar la eficacia de una proteína de origen natural. En concreto, los científicos quería probar si los niveles del factor neurotrófico derivado de la línea celular glial (GDNF), es capaz de ejercer una labor regenerativa en células cerebrales ya afectadas por el párkinson que se encuentran cerca de morir, para revertir dicha condición.

Como primera etapa de la investigación, los científicos elaboraron un método de entrega de GDNN a las células cerebrales que así lo requerían. Según información del artículo, 41 participantes se sometieron a un procedimiento quirúrgico, asistido por robot, en el que se implantaron cuatro tubos en sus cerebros. De esta manera, el factor se inyectó directamente y con la mayor precisión en las áreas cerebrales afectadas.

Además, 6 pacientes afectados hicieron parte de una investigación piloto que analizaba la seguridad del tratamiento. Más adelante, se permitió la participación de 35 individuos adicionales en un ensayo doble ciego, con un tiempo establecido de nueve meses. De ellos, a la mitad se les suministraron dosis mensuales de GDNF y a los individuos restantes, una sustancia placebo. Al terminar los 9 meses iniciales, a todos los participantes se les suministró GDNF durante otros nueve meses.

Para lograr medir los avances o cambios entre los individuos, los realizadores del estudio sometieron a los participantes a escáneres cerebrales, exámenes que repitieron tras los 9 meses iniciales, con la intención de analizar el funcionamiento de células del cerebro encargadas de la producción de dopamina. De acuerdo con los resultados, los pacientes tratados con placebo no mostraron diferencias, mientras que aquellos a los que se les inyectó la proteína natural demostró una mejoría del 100% en un área clave del cerebro afectada severamente por la enfermedad.

Tom Phipps, de 63 años, fue la primera persona en someterse a la cirugía mencionada anteriormente. “Durante el ensayo, noté una mejora en mi movilidad y niveles de energía, e incluso pude reducir mi medicación. Mi resultado fue tan positivo como podría haber deseado, siento que la prueba me ha dado algo de tiempo y ha retrasado el progreso de mi enfermedad. Lo mejor de todo ha sido formar parte de un grupo de personas que tienen un objetivo similar, no solo el equipo de consultores y enfermeras, sino también los participantes. No puedes tener expectativas, solo puedes tener esperanza”, mencionó en declaraciones al diario ABC.

Este dato, sin duda, representa uno de los avances más significativos que se han presentado en cuanto a nuevas opciones de tratamiento para el párkinson.

A los 18 meses, cuando ya todos los participantes habían recibido GDNF, los investigadores notaron que los dos grupos presentaban mejorías importantes, comparando los datos obtenidos al inicio de la investigación. Es decir que la administración continua de esta sustancia, también sugiere beneficios a largo plazo en las personas afectadas. Sin embargo, es importante aclarar que esto debe ser comprobado en futuros estudios clínicos.

Alan Whone, investigador principal en el ensayo, mencionó en declaraciones al diario ABC que “la magnitud espacial y relativa de la mejora en las exploraciones cerebrales está mucho más lejos de lo que se ha visto anteriormente en los ensayos de tratamientos de factor de crecimiento con cirugía para el párkinson. Esto representa una evidencia de que posiblemente tengamos un medio para volver a despertar y restaurar las células cerebrales de dopamina que se destruyen gradualmente en el párkinson”.

El optimismo también es notorio en el profesor Steven Gill, neurocirujano líder y diseñador del dispositivo, quien comentó: “Este ensayo ha demostrado que podemos inyectar medicamentos de forma segura y repetida directamente en el cerebro del paciente durante meses o años a través de un pequeño puerto implantado que emerge a través de la piel detrás de la oreja”. “Incluso en una dosis baja, hemos visto evidencia de mejoría en el paciente, lo cual es increíblemente alentador. Ahora debemos avanzar hacia un ensayo clínico definitivo que use dosis más altas y este trabajo necesita financiación con urgencia”, puntualizó en sus declaraciones para ABC.

 

 

 

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