Cinco investigaciones que revolucionaron la medicina

Por: Paula Alejandra Rojas
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

 

Existe una verdad innegable: los descubrimientos científicos son fuente creadora y vital de la civilización. Sin ellos, la transformación de las comunidades no existiría, y lo más importante, la investigación se vería reducida a un simple pasatiempo de aficionados. No obstante, la práctica médica y el interés de descubrir y compartir conocimiento son razones suficientes para constatar que la ciencia pertenece a un campo de raciocinio y creación que no tiene límites. Por ello, a continuación podrá encontrar las cinco investigaciones que revolucionaron la salud de la humanidad:

 

James Jurin y la inoculación

 

La viruela fue considerada en el siglo XVIII como una de las enfermedades infecciosas más letales de la historia de la salud. Se tienen registros que señalan que, en Europa, morían alrededor de 400.000 personas al año y una tercera parte de los sobrevivientes quedaban ciegos a causa de ese brote epidémico.

En 1723, James Jurin, físico británico, publicó una investigación en la que recopilaba datos y casos de inoculación en Reino Unido. Hasta ese momento, la idea de inocular a la gente para protegerla de desarrollar una enfermedad era motivo de controversia, ya que muchos pensaban que lo que iba a hacer la inoculación era contagiar la enfermedad.

No obstante, la recopilación de datos y casos de Jurin demostraron que era más probable morir del contagio de viruela que por inoculación. Así, esta investigación permitió proteger a millones de personas que eran propensas a desarrollar la enfermedad.

El hallazgo fue reproducido en panfletos y sirvió para persuadir a la opinión pública de las ventajas del procedimiento.

 

Joseph Lister y el antiséptico

 

En el siglo XIX, el 50% de las cirugías acababan en muerte. En aquel tiempo, el concepto de antisepsia no existía, y por tanto, las tasas de infección eran muy altas. La razón que los cirujanos atribuían a la alta mortalidad era por enfermedades transmitidas por el aire y no por sus manos.

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En 1867, Joseph Lister, cirujano inglés, publicó un artículo en British Medical Journal en el que explicaba cómo había usado el ácido carbólico para tratar a pacientes con fracturas severas. Lister sabía que ese ácido servía para desinfectar las aguas residuales. Por ello, decidió experimentar con algunos de sus pacientes, lavando las heridas con el ácido que destruía los gérmenes sépticos. Después cubría la herida con pasta antiséptica, hecha de carbonato de lima, ácido carbólico y aceite de linaza, y el hueso soldaba sin infección.

Al principio su investigación no fue aceptada en su país debido a que sus colegas no creían en la existencia de las bacterias, ya que no las podían ver. Sin embargo, con el paso del tiempo pudo comprobar su hallazgo y así creo la práctica quirúrgica de la asepsia y la antisepsia, previniendo la muerte de millones de pacientes.

 

Frederick Banting y la insulina

 

A comienzos del siglo XX, se sabía que la diabetes tipo 1 se debía a que el páncreas no funcionaba con normalidad, provocando así la acumulación de azúcar (glucosa) en la sangre. Sin embargo, este conocimiento se amplió cuando en 1922, Frederick Banting, médico e investigador canadiense, le suministró insulina (extraída de vacas) a Leonard Thompson, de 14 años, quien estaba en un hospital de Toronto seriamente enfermo con diabetes tipo 1.

En la investigación de Banting, publicada en 1922, se detallaba como con la insulina descendían los niveles de azúcar en la sangre y en la orina de los pacientes. Un cambio revolucionario para tratar a quienes padecían la enfermedad.

En 1923, Banting y su compañero John McLeod recibieron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología.

 

Richard Doll y el cáncer de pulmón

 

En el siglo XX, se pensaba que fumar era bueno para la salud. Sin embargo, este pensamiento cambió cuando en 1940, los médicos fueron testigos del aumento en el número de pacientes que morían por cáncer de pulmón.

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En 1950, Richard Doll, epidemiólogo y profesor de medicina, realizó una investigación acerca de la incidencia del tabaquismo y el cáncer de pulmón en un gran número de pacientes y comparó su experiencia con gente que tenía diferentes tipos de cáncer.

Por medio de aquella investigación confirmó por primera vez el vínculo entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón. Y así, gracias a  su empeño en el estudio de las consecuencias del tabaco en la salud, logró cambiar la mentalidad y las vidas de millones de personas alrededor del mundo.

 

Barry Marshall y las úlceras

 

Ante la falta de determinación en cuanto a las causas de las úlceras, Barry Marshall, médico australiano y profesor de Microbiología Clínica, junto con Robin Warren, decidieron emprender una investigación acerca del origen de las úlceras.

En 1982, tras varios años de estudio, identificaron que la bacteria Helicobacter Pylori podía ser una de las causantes de la aparición de éstas. Sin embargo, al publicar su hallazgo muy pocos médicos les creyeron ya que se pensaba que ninguna bacteria era capaz de sobrevivir a las condiciones ácidas del estómago.

Así que para demostrarles que era cierto, Marshall decidió beber un caldo que contenía la bacteria, y como él esperaba, enfermó. Tras 10 días de vómitos, le pidió a un colega que mirara dentro de su estómago con un endoscopio, el cual encontró la bacteria y otros signos de úlceras, demostrando así que este microorganismo es capaz de causar las úlceras de estómago.

En 1984, se publicó el estudio que les daría el Premio Nobel de Medicina en 2005. Hoy en día este tipo de úlceras se pueden curar con diferentes pautas cortas de antibióticos.

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