Avanza el estudio de las enfermedades neuropsicológicas en Puerto Rico

Dra. María Diehl, neurociencia, optogenética. “Una vez podemos distinguir esos circuitos en el cerebro, identificamos cómo están siendo interrumpidos en pacientes con trastornos neuropsiquiátricos. Entonces, podemos movernos a buscar nuevos tratamientos, dirigidos a un área específica del cerebro”, dijo Diehl.

Giovanny Vega De Lleguas
Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública

El Laboratorio de Aprendizaje sobre el Miedo del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) no ha cesado en sus esfuerzos por conocer a fondo los mecanismos de regulación emocional y la evitación activa del miedo en Puerto Rico.

La doctora María Diehl conduce uno de los tres estudios en el laboratorio que busca determinar cuáles son los circuitos cerebrales que están envueltos en enfermedades neurológicas y psiquiátricas, como el caso del trastorno de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) y el trastorno obsesivo-compulsivo (OCD, por sus siglas en inglés).

Dra. María Diehl, neurociencia, optogenética. “Una vez podemos distinguir esos circuitos en el cerebro, identificamos cómo están siendo interrumpidos en pacientes con trastornos neuropsiquiátricos. Entonces, podemos movernos a buscar nuevos tratamientos, dirigidos a un área específica del cerebro”.

La investigación busca distinguir los circuitos en el cerebro que se están viendo afectados y cuáles son los mecanismos responsables de aprender o no a tener miedo. Este objetivo surge, en gran medida, porque no existe una explicación concreta sobre las diferencias entre un cerebro de una persona saludable a uno de una persona con enfermedades neuropsiquiátricas.

La investigación busca distinguir los circuitos en el cerebro que se están viendo afectados y cuáles son los mecanismos responsables de aprender o no a tener miedo.

A través de optogenética, una técnica que consiste en láseres de longitud de onda específica, el equipo investigador “apaga y enciende distintas células en diferentes momentos”, para evaluar cómo eso afecta el comportamiento de la rata, en especial la evasión de los estímulos adversos.

A través de optogenética se evalúa cómo eso afecta el comportamiento de la rata.

En el experimento, varios roedores pasan por el ejercicio de escuchar un tono, que va precedido por un choque eléctrico. En el proceso, las ratas se encuentran sobre una plataforma que se divide en dos partes: la zona que descarga la corriente y la que no.

Varios roedores pasan por el ejercicio de escuchar un tono, que va precedido por un choque eléctrico

“Hemos observado cómo las ratas se frisan cuando escuchan el tono. Pero, mientras progresa el entrenamiento, ellas aprenden que pueden moverse a la plataforma para evadir el choque eléctrico”, explicó Diehl a la Revista de Medicina y Salud Pública.

En otra fase de la investigación, se coloca una barra que proporciona alimentos y bolitas de azúcar a los roedores para motivarlos a salir al área en la que están propensas al choque eléctrico.

La neurocientífica, que ha dedicado cerca de cinco años y medio a la investigación en este laboratorio boricua, ha observado que mientras avanza el estudio, los roedores asocian el tono con la descarga eléctrica. Esto los lleva a desarrollar miedo y el deseo de evadir la corriente resguardándose en una de las esquinas de la plataforma.

En otra fase de la investigación, se coloca una barra que

proporciona alimentos y bolitas de azúcar a los roedores para motivarlos a salir al área en la que están propensas al choque eléctrico. Entonces, se reproduce el particular sonido para fomentar la toma de decisiones en una situación altamente complicada, que presenta como opciones comer o protegerse. En este ejercicio, se ha visto que las ratas se quedan en la plataforma esquivando el choque, mientras que otras comen sin importar las consecuencias.

“Hemos observado cómo las ratas se frisan cuando escuchan el tono. Pero, mientras progresa el entrenamiento, ellas aprenden que pueden moverse a la plataforma para evadir el choque eléctrico”, explicó Diehl a MSP.

“Hay un conflicto entre comer y seguridad. Es decir, un balance entre algo bueno y algo malo. Esto es bien típico de los desórdenes de ansiedad en humanos”, expresó, por su parte, el director del laboratorio, el doctor Gregory Quirk.

Sin embargo, hay una etapa importante en el estudio que va dirigida a la extinción del miedo a través de la reproducción del tono sin la descarga de corriente. La proteína conocida como factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés) es esencial en esta fase, porque aumenta rápidamente el nivel de extinción y provee seguridad en los roedores.

“Una vez podemos distinguir esos circuitos en el cerebro, identificamos cómo están siendo interrumpidos en pacientes con trastornos neuropsiquiátricos. Entonces, podemos movernos a buscar nuevos tratamientos, dirigidos a un área específica del cerebro”, dijo Diehl.

Quirk, por su parte, reconoció que experimentos parecidos pueden realizarse en adultos al mostrárseles imágenes y suministrarles corriente eléctrica en los dedos de forma esporádica, para que comiencen a asociar las imágenes con el choque de electricidad. En el proceso, se les puede medir el miedo y el nivel de sudoración.

“Una vez podemos distinguir esos circuitos en el cerebro, identificamos cómo están siendo interrumpidos en pacientes con trastornos neuropsiquiátricos. Entonces, podemos movernos a buscar nuevos tratamientos, dirigidos a un área específica del cerebro”, dijo Diehl.

Aunque el estudio se encuentra en su primera fase, Diehl vislumbra que conociendo los circuitos cerebrales que están envueltos en enfermedades neurológicas se puedan continuar los estudios hasta encontrar soluciones para quienes las padecen.

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