Alberto Santiago Cornier, el médico que trabaja con el pentagrama de la ciencia: el ADN

Alberto Santiago Cornier, el médico que trabaja con el pentagrama de la ciencia: el ADN En una larga carrera de 23 años en la isla, este médico cuenta cómo fue que decidió ser doctor, teniendo las puertas abiertas en el campo de la química y la música.

Por: Jean Mitchelle Vélez
Agencia Latina de Noticias Medicina y Salud Pública

La medicina no era una posibilidad contemplada para el doctor Alberto Santiago Cornier. Este ilustre galeno puertorriqueño, quien fue criado por sus abuelos -maestros de escuela- hasta los primeros años de adultos, inicialmente se dedicó a estudios musicales en la Escuela Libre Música, en la que aprendió a tocar el piano y el clarineta hasta ingresar a la Universidad de Puerto Rico (UPR). En dicha institución Santiago Cornier se destacó como el primer clarinete de la banda institucional, lo que le permitió cursar su bachillerato en química con concentración en matemática sin pagar matrícula.  A último minuto, decidió matricularse en la Escuela de Medicina de la Universidad del Este en San Pedro de Macorís, República Dominicana.

Era costoso estudiar en Puerto Rico, no pensaba estudiar medicina, y no es lo más típico Mi  decisión de estudiar medicina fue a última hora, había solicitado una maestría en química para la cual estaba aceptado en la UPR de Río Piedras pero a última hora tuve que solicitar en lugares donde aceptan ese tipo de solicitud tardía. Solicité en Santo Domingo, fue un viaje de la tuna de la UPR y de la banda, en uno de esos viajes fui a averiguar a ver posibilidad más sitios, cogí papel de orientación como cualquiera, y por otras razones no científicas, decido estudiar medicina y me fuí a San Pedro. Comencé en 1981 y en 1985 regreso a Puerto Rico. Hago mi internado rotatorio en el Centro Médico de Mayagüez, porque no estaba seguro qué especialidad quería. Decido que quiero hacer pediatría y me quedo haciendo pediatría en Mayagüez. Cuando yo estaba haciendo residencia estaban saliendo las primeras publicaciones de la genética y sobre el futuro de la medicina que iba a basarse en la genética, que iba a explicar las cosas que hoy sabemos, que en aquel momento no sabíamos y yo me dije que quería ser parte de ese mundo y ser parte de ese mundo es bien distinto», narró en exclusiva con MSP.

En 1992, el doctor Alberto Santiago Cornier se trasladó a Estados Unidos, teniendo el privilegio de ser aceptado en un programa de genética de la Universidad de Harvard, siendo -además- el primer hispano en ingresar al fellowship, donde se entrenó en la subespecialidad de genética clínica. Luego de culminar el programa realizado en Massachusetts, regresa a la isla para ocupar una labor de tiempo completo: desarrollar proyectos en el área de genética molecular humana en la Ponce Health Sciences University, institución en la que trabajó por muchos años en el departamento de bioquímica y pediatría.

Luego comienzo en el Hospital San Jorge, porque me auspició comenzar una clínica de genética y yo monté la primera oficina privada de genética en Puerto Rico. En aquel entonces el único lugar en que se hacía genética era en Centro Médico donde estaba el doctor García Castro (uno de los padres de la genética de Puerto Rico, quien falleció el año pasado) y la doctora Maricarmen González, que todavía está allí. Comenzamos a hacer genética privada en Puerto Rico, pero el problema es que nadie sabía lo que era la genética. Así que tuve que dar charlas para dar a conocer lo que era la genética y dando clases en Ponce, donde creamos un currículo de genética y lo incorporamos al currículo de la escuela de medicina, y fue la única escuela que tuvo un currículo formal en su momento de genética», enfatizó el doctor quien actualmente es jefe de la División de Genética del Hospital San Jorge, en San Juan.

Grandes aportaciones y descubrimientos

Siendo el área investigativa lo que más le apasiona de su carrera, el doctor Santiago Cornier tuvo la oportunidad de realizar investigaciones en Boston, lugar en el que permaneció un año como research. Allí, en compañía de otros especialistas, localizó el gen del síndrome Bardet-Biedl, que se convirtió en una noticia de impacto para el meeting de genética. De hecho este síndrome es más frecuente en Puerto Rico que en otras partes del mundo.

Me estuvo muy interesante un caso de una familia de Villalba que llegó al Children’s Hospital de Boston. En unas vacaciones en la isla recolecté sangre de todas las familias que estaban allá, pero me faltaban los ancestros que estaban en Villalba. Así que vine un verano a recolectar bajo consentimiento e iba en el avión con 40 tubos de sangre, en esa época no había ocurrido lo del 911 y había menos restricciones a la hora de viajar y más si te identificabas como médico. Con esa sangre identificamos el gen y eso despertó en mí la curiosidad por la investigación molecular en los puertorriqueños, y quise desarrollar eso en Puerto Rico», afirmó el destacado especialista quien también fue decano de investigación de la Escuela San Juan Bautista y catedrático asociado en pediatría de la Universidad Central del Caribe.

Otra experiencia que impactó su carrera fue la identificación del gen asociado al síndrome de Jarcho – Levin y de la enfermedad causante. No es desconocido que el síndrome de Jarcho-Levin en Puerto Rico, de acuerdo con estadísticas de la organización Síndrome de Jarcho – Levin en Puerto Rico, la incidencia del trastorno es de 1.14 de cada 10,000 nacimientos en la isla, siendo la variante espondilotorácica la más común, contrario a otros países.

Mis útimos años han sido más clinicos, hacemos investigación pero más clínicas, pero nos va muy bien. También llevo conferencias en muchos foros internacionales y locales», agregó. «Ha sido un área de mucho cambio porque la genética depende de la información que los científicos crean. Cuando yo empecé no estaba secuenciado el genoma humano y ya se sabe completo. Vamos a tener más alternativas para tratar a personas con desórdenes genéticos y por eso hay más personas beneficiándose a lo que es una prueba realizada por geneticistas», reveló el médico sobre el futuro de la genética.

Injustos los planes médicos con la clase médica en la isla

Cada día los planes médicos quitan beneficios, no suben la paga a los médicos, entre otras quejas, que ahogan a la clase médica del país, obligando a la emigración y coartando el acceso a la salud.

[adsforwp id=»48428″]

No me gusta lo que está pasando con la medicina en Puerto Rico. No me gusta que un plan médico venga a imponer las reglas comerciales que ellos creen que son razonables porque eso no se traduce en buena medicina», criticó el médico quien lleva 23 años ejerciendo.

Sus pacientes son su fuente de legado

Cuando se le preguntó sobre su legado, lleno de humildad respondió que no ha pensado en ninguno. Pero se llevaría el esfuerzo que hizo en ayudar en la formación de otras profesionales y el apoyo que ha dado a todo el que ha podido.

Si eso tiene influencia positiva en cada una de las personas, pues ese es mi legado. El éxito de cada uno de los estudiantes que han pasado por mis manos, que son miles, ese es mi legado. Mi paga es que ellos tengan más éxito que yo en cualquier especialidad», motivó.

A su vez recordó quienes fueron sus grandes mentores durante su trayectoria. Ante un sinnúmero de doctores destacó a la infectóloga pediátrica, María Del Río; el cardiólogo pediátrico Arturo Lopez. En la genética, recordó al doctor Bruce Korf de Harvard y al doctor Val Sheffield de la Universidad de Iowa. «Sin embargo, quien más a mi me inspira son mis pacientes, porque los reales héroes detrás de cada paciente son ellos mismos que tienen que lidiar con tantos obstáculos en sus vidas, comenzando con un diagnóstico que nadie sabe lo que es«, expresó el genetista pediátrico.

La música, el silencio y la paz, sinfonía de sus días

Durante la conversación con la revista MSP, Santiago Cornier, mencionó que no tiene mucho tiempo libre, pero que disfruta mucho la paz, el arte y la música clásica. Aunque ya no toca muy seguido sus instrumentos -fieles escuderos que le ayudaron en algún momento de su vida- afirmó que aprovecha los conciertos de música clásica o popular. Además, auspicia artistas del patio y colecciona obras de arte.

[adsforwp id=»48432″]

Disfruto la buena compañía, tengo pocas y excelentes amistades, también disfruto un buen cigarro, la familia… No tengo mucho tiempo libre pero disfruto mucho la paz. Me encanta viajar»continuó.

A preguntas de este reportero sobre qué momento del día o de la semana es idóneo para encontrar paz, el médico respondió que «cualquier momento puede ser de paz. Hay momentos en que uno quiere explotar y tienes que hacer una pausa de segundos o minutos para meditar y eso me da paz. La música clásica me da mucha paz, la buena conversación me da mucha paz«.

Pero, a un investigador de la talla del doctor Santiago Cornier, no sobra preguntarle si los temas científicos hacen parte de su cotidianidad, mientras pasa su tiempo libre alejado de consultorio o de los laboratorios en los que trabaja.

Cualquier conversación del desarrollo de ser humano me gusta. No hablo de temas científicos porque entiendo que no hay variaciones en mi vida. Me gusta hablar de igualdad, equidad, inclusión, tolerancia […]  Estamos viviendo en un mundo y sociedad que está más intolerante. A Pesar de que vivimos en la era de las comunicaciones es cuando menos nos comunicamos es cuando más medios de comunicaciones hay y cuando más acceso a la comunicación, es cuando menos los seres humanos se comunican, y es una de las cosas que más me preocupa, que el ser humano no se esté comunicando. Lo otro es que todo el mundo quiere imponer su punto de vista, y son válidos, pero no dejan de ser eso, un punto de vista, que no son un absolutos, ni una verdad absoluta, eso no existe. Siempre hay que tener la capacidad de tratar de entender a todo el mundo, no siempre logramos entender a todo el mundo pero eso no lo hace menos válido», aseguró.

Buscó forjarse su propio camino alejado de los reflectores

En algún momento dado, se inclinó a dedicarse a la música, a lo que se proclamó ser «muy bueno». Pero teniendo una hermana cantante de ópera, Carmen Cornier, quien tuvo sus momentos de gloria en el Conservatorio de Música, el doctor no quería ser reconocido como «el hermano de Carmen Cornier, yo quería tener nombre propio. Una de las cosas por la que no seguí la música es porque yo nunca voy a tener más talento que ella. Yo decía que quería buscar un área donde yo pueda brillar por luz propia. Aún cuando mi camino no fue el tradicional, yo estudié lo que me da pasión y me gusta: la genética y la medicina, sobretodo desde un punto de visto molecular«, manifestó.

Amante de la escritura y editor de la Revista Medicina y Salud Pública

Hace 10 años Santiago Cornier, se unió como colaborador y miembro de la junta de MSP, donde luego pasó a ser editor y ha permanecido en el cargo de la destacada revista por 9 años consecutivos.

[adsforwp id=»48432″]

En su más reciente edición (AGREGAR ENLACE A LA REVISTA) dedicó la oportunidad a las decenas de enfermedades extrañas que abundan en la isla, como el albinismo, Hermansky-Pudlak, el síndrome Morquio, entre otros.

Todavia hay varias metas por cumplir

Entre risas, dijo que quería hacer un viaje a Japón, pero luego mencionó en que le gustaría desarrollar más data que apoye y aporte a una mejor medicina en la isla, de servir de ayuda a otros países «sería un plus».

Mientras tanto, seguirá dando apoyo clínico a organizaciones sin fines de lucro, como la fundación Ayani, que ayuda a niños con impedimentos.

Finalmente y sin enredarse en lo político, le gustaría tener poder en la legislatura para pasar reglamentos justos y necesarios que beneficien a los pacientes y los escasos médicos del país.

Comentarios

X