Dr. Raúl Arsmtrong a sus 90 años sigue en la práctica de la medicina y en la academia

Doctor Raúl Armstrong Mayoral

Jean Mitchelle Vélez
Agencia Latina de Noticias Medicina y Salud Pública

Con claros detalles de su trayectoria, el doctor Raúl Armstrong Mayoral, con 90 años de edad, conversó con MSP. El galeno ha dedicado ya 65 años a la cirugía y la enseñanza desde el sur de Puerto Rico, comentó entre bromas, culpando a sus genes.

Natural de Ponce y con un intachable récord académico, el especialista inició sus estudios de bachillerato en Biología con un minor en Química y Matemáticas en el Instituto Politécnico de San Germán, actual Universidad Interamericana de Puerto Rico (INTER) para luego, en los años cuarenta, trasladarse a Nueva Orleans, donde inició sus estudios médicos en la Universidad Tulane.

De hecho, como dato curioso, los estudiantes interesados en la medicina que residían en la isla -en esa época- debían trasladarse en su mayoría a Estados Unidos, al no existir una escuela de medicina en la isla-

En el año 1951, ya había regresado a Puerto Rico. En ese mismo año, inició su internado en el Hospital Municipal de San Juan mientras terminaba su subespecialidad en cirugía en el Clinical Oschner. Un año más tarde, formalizó su matrimonio y comenzó la crianza de su primer hijo. Sin embargo, al estar inscrito en la milicia, fue trasladado a la Guerra de Corea, bajo el acuerdo de que sus estudios serían pagados.

“Estuve quince meses en Corea, vine a Puerto Rico de nuevo y luego me fui a Texas para terminar dos años con el ejército y como médico. En eso, le escribí al jefe de cirugía y me dijo que me fuera a terminar cirugía general y a hacer la subespecialidad de colon y recto. Luego regresó a Ponce en el año 1960 con cuatro muchachos y comencé como cirujano»,

narró el veterano.  

«Mis primeras experiencias fueron en el Hospital Regional de Ponce y entré al departamento de cirugía, donde estuve desde el 60 hasta el 88, que me jubilé del gobierno. También desarrollé prácticas en el Hospital Oncológico de Ponce y llegué a hacer cirugías de cáncer relacionadas al sistema digestivo. Mantenía la posición en el Hospital Regional y hacía práctica privada en el Hospital Damas. Balanceando esas cosas, fui director médico del Hospital Oncológico de Ponce, jefe de cirugía del Hospital Regional y encargado de residencias»,

agregó.

Cuando Armstrong Mayoral entrenaba la especialidad contaba con cuatro años de duración, comparado con la actualidad, que aumentó un año más. En este sentido el doctor tuvo la oportunidad de entrenar aproximadamente 50 residentes.

En el año 1977 surgió la Escuela de Medicina de Ponce, fundada por la Universidad Católica, conocida actualmente como Ponce Health Sciences University. Desde entonces, este experimentado cirujano comenzó como catedrático auxiliar del departamento de cirugía, aunque de manera gratuita. Con el transcurso de los años, el ponceño fue escalando dentro de la institución, ocupando importantes puestos.

«En el 95 hay una vacante en la escuela de medicina como director del departamento de cirugía y, desde entonces, me he mantenido en esa posición. En el 99 tuve un intervalo y estuve seis meses de decano interino y volví a mi posición. Pero en el 2009 tomé la decisión de bajar la carga de trabajo porque sentí que ya había hecho muchas cosas; pero, actualmente sigo en la escuela sin título de decano, pero, como profesor a tiempo parcial”

reveló

Retrospectiva de su inspiración

«Yo, de muchacho, tuve una figura que me impresionó mucho: el doctor Agustín Pietri. Era el médico de mi casa, para ese tiempo no había especialidades, pero ese médico hacía de todo. Hizo varias operaciones sencillas dentro de la familia, como las amígdalas y apendicitis y fue quien me trajo al mundo; y me llamó la atención de esa persona que -cuando uno se enfermaba- iba donde él y era una persona de mucho respeto, pero de mucha confianza. Es una cosa que mi familia todo lo bregaba con él y me identifiqué con eso. Pero yo siempre quise ser médico enfocado más en cirugía, eso siempre me llamó la atención»,

rememoró.

Profundamente apasionado por la cirugía

«Lo más que me gusta de la cirugía es que uno tiene el privilegio de atender a un paciente que tiene una necesidad quirúrgica y que uno sirve de instrumento para resolver ese problema; y uno ve la gratificación de ese paciente con obstrucción intestinal, por ejemplo, que no puede comer, está vomitando, con múltiples complicaciones, lo admites, le empiezas a darle suero y a estabilizarlo, lo preparas, lo operas y le resuelves el problema. Si a uno le gusta lo que está haciendo, no encuentra nada complicado. Yo me ponía en las manos de Dios y voy a hacer lo mejor posible dentro de lo que aprendí y las experiencias que tuve»,

expresó el entrevistado en respuesta sobre lo positivo y lo negativo de su especialidad.

Por otro lado, indicó que el campo de la medicina se ha ido complicando con los avances de la tecnología y admitió, además, que esos cambios han servido para evitar errores y complicaciones en los pacientes.

Recordó que antes los pacientes podían estar semanas en recuperación y ahora -con los avances- pueden estar hasta tres días, debido a los nuevos métodos mínimamente invasivos. Esto resulta muy beneficioso para el paciente, aunque -para el especialista- suele ser más complejo por la serie de “parafernalias”.

«Lo que es complicado es el proceso de entrar, graduarse, la oportunidad en una residencia, esas plazas de residencia no han crecido y los estudiantes que se están graduando no consiguen plazas»,

lamentó.

Manejo del tiempo familiar

Su vida profesional tomó muchos giros positivos, logrando importantes puestos. Sin embargo, también su vida familiar fue fructuosa, comprometido con la educación de sus cinco hijos.

Aseguró que -parte de las cualidades de un cirujano- es saber manejar el tiempo “y aprendí que cada paso tiene que ser dirigido a hacer y no perder el tiempo. Nunca me sentí agobiado. En primer lugar, porque -para mí- trabajar como cirujano no era un trabajo y lo disfrutaba. Las hormonas y dopaminas funcionaban y venía del trabajo bien. Había un cuento que decían entre los médicos cirujanos y residentes que, cuando uno llega de una cirugía complicada, uno, a pesar de que estaba cansado, la mejor satisfacción era poder estar con su esposa y tener relaciones, porque eso como que sublima todo, y los cirujanos tienen muchos muchachos; o sea, que pude bregar con mis hijos y mi esposa”, dijo entre risas.

Tiempo de disminuir la carga laboral

En una de las tantas anécdotas, el galeno habló de una en particular que lo llevó a tomar la decisión definitiva de disminuir su jornada laboral.

«Iba a Humacao a una actividad familiar en casa de mi hijo, pero antes me aseguré de no tener pacientes esas semana; por lo tanto, no programé cirugía, de manera que pudiera irme tranquilo. Cuando estoy allá me llaman por teléfono del hospital por un paciente que había atendido la semana anterior, había llegado a emergencias con dolor. Y ¿qué hice? Arranqué y llegué a ver el paciente y resolver ese problema, y regresé a Humacao, y yo dije que ya era suficiente»,

reveló la situación, ocurrida en el año 2000 cuando tenía 71 años de edad.

Desde entonces, se mantuvo únicamente en la enseñanza, viendo pacientes ambulatorios y realizando cirugías menores.

Encuentro con el cáncer

Fue en el año 1995, en un examen médico rutinario, cuando se observó una irregularidad en la próstata que resultó ser un carcinoma, según los resultados de la biopsia. Afortunadamente, se diagnosticó a tiempo y fue operado por un médico en el mismo sitio donde se especializó. Afortunadamente, hasta el momento, Armstrong Mayoral se encuentra muy bien y sin complicaciones al respecto.

Cualidades ajenas al ámbito profesional

Dejando a un lado el ámbito profesional, el salubrista se ha desarrollado en múltiples organizaciones, e incluso, introdujo en Ponce -junto a un profesor de la Inter- un concepto llamado “Mozart”, donde un grupo de músicos de la institución en el suroeste de la isla llegaron hasta la ciudad señorial para realizar conciertos de música clásica. En la actualidad, ese movimiento fue creciendo de tal manera que realizan diez conciertos anuales en el recinto de la Inter en Ponce.

Toda una vida

«Me siento agradecido y realizado. Yo creo que he hecho de todo en mi vida y ahora mi mayor placer me la dan mis nueve nietos y mis cinco hijos»,

sostuvo.

Un llamado de atención a salubristas

«Que recuerden que los pacientes no son un órgano ni un sistema, sino un ser humano, y que hay que tratar al paciente en unidad. Hay una frase de un doctor canadiense Osle que dice que ‘el buen médico es el que trata la enfermedad, pero el excelente médico es el que trata al paciente que tiene la enfermedad'»,

finalizó.

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